John Lennon

Señor y Señora Winston, el affaire Alma Cogan y John Lennon ¿Su verdadero amor?

¿Cómo John Lennon se pudo enamorar de una cantante británica de fama y sólo su prematura muerte lo arrojó a los brazos de Yoko Ono?
Chris Hutchins y Peter Thomson autores del libro: The Beatles Meets Elvis.

Queridos (as) lectores, antes que nada, desearles un feliz año nuevo 2021, con muchas mayores expectativas que superen, por mucho, este 2020 que nos enseñó muchas lecciones por las etapas más difíciles que pasamos enfrentando una de las peores pandemias que ha sufrido la humanidad. Sí de alguna forma perdimos a seres queridos y cercanos, espero que pronto superemos estas terribles pérdidas y si estamos sanos y salvos, ¡cuidémonos! Aún no ha pasado el peligro y es buen momento para extremar precauciones.

Bien, pues ahora arrancamos el 2021 con un tema que seguramente será de conversación y debate pero que les ofrezco para abrir mi colaboración semanal.

Un encuentro al romance.

Una noche veraniega de junio del 64, un elegante departamento de primera planta en el número 4 de Stratton Court, cercano a Kensington High Street en el centro de Londres, el manager de The Beatles, el entonces famoso cuarteto Liverpool en su cúspide de fama, Brian Epstein entraba con ellos a una trascendental reunión donde estaban personalidades inmensas de la talla de un dramaturgo Nöel Coward, Sir Joseph Lockwood (cabeza de EMI Records), el productor George Martin y dos íconos del Rock’n Roll: Chuck Berry y Carl Perkins. Era el hogar de Alma Cogan, the girl with the giggle in her voice (La chica con una risa en la voz). La cantante representativa del Reino Unido desde la década de los 50 y con una imagen por demás elegante con sus vestidos glamorosos y hampones, nacida el 19 de mayo de 1932 en la capital británica.

Ahí, en ese departamento, vivían Alma, su hermana Sandra Caron (actriz quién escribiría las memorias de Alma post mortem y testigo de aquel romance entre Alma y John) y su madre Key. Descendientes de una familia judía rusa-rumana, tuvieron mucho acercamiento hacia las artes musicales y teatrales cuando durante la segunda guerra mantenían espectáculos en los túneles del metro para mantener entretenida a la gente que se refugiaba de los bombardeos nazis sobre Londres.

Alma tenía un peculiar estilo al rematar una frase en sus canciones similar a un pequeño chillido que le dio el sobrenombre de la chica con la risa en la voz que le daba cierto parecido a la cantante norteamericana muy en boga en esos años, Doris Day. Los temas que le dieron fama y éxitos permanentes en el chart fueron covers románticos que habían tenido los mismos éxitos de cantantes como Rosemary Clooney, Theresa Brewer, Georgia Gibbs, Joni James y Dinah Shore.

Algunos de esos temas melodiosos que grabó para la Columbia HMV (sello miembro de la red de EMI) fueron Bell Bottom Blues que alcanzó el número 4 en abril de 1954 y su primer número 1 con Dreamboat hacia finales de ese año. ¿Otros títulos que recrearon su carrera entre 1955 y 1960 fueron I Can’t tell a Waltz from a Tango, Why Do Fools Fall in love?, y un tema muy melódico que le dio buenos números Sugartime, lo que entonces el joven John Lennon mientras estudiaba en el Instituto de Artes de Liverpool, hacía mucha mofa de esa canción al grado de decir que la odiaba y eso era parte de las bromas que trataban de conquistar a su entonces novia Cynthia Powell.

Pero volvamos entonces a esa mítica reunión que produjo, entre tantas cosas aparte de la mutua impresión entre Alma y Lennon, el contacto entre George Harrison y Carl Perkins, su máximo ídolo rocantolero del beatle. A partir de ese día, Alma Cogan se convirtió en una amiga íntima del cuarteto sobretodo de John y Paul.

Sin embargo, siendo una estrella del espectáculo británico, Alma no pudo salirse de las líneas de chismes que de ella decían en notas amarillistas que de pronto aparecían en el Dialy Mirror por sus reuniones con gente del círculo gay como lo eran sus íntimos el compositor Lionel Bart que llegó a legarle algunas de sus obras y por supuesto la compañía de Brian Epstein, lo que la señalaban como una de las lesbianas del espectáculo, lo que su hermana Sandra desmintió en las memorias escritas por ella ya que Alma había sido violada sexualmente en su adolescencia por un pariente cercano, lo que produjo una aberración al sexo por mucho tiempo. ¿Lennon le habría abierto esa puerta después?

Aquí junto a su gran amigo y confidente, Lionel Bart.

Dentro de los programas de Epstein con sus artistas exclusivos de NEMS egresados del Mersey Beat que abrían siempre los shows de The Beatles por el Reino Unido y Europa, ¡Alma Cogan se convirtió incluso en una artista recurrente en algunos de los conciertos y en programas televisivos como lo era el famoso Ready, Steady, Go!  como lo veremos a continuación cantando Tennessee Waltz y dónde ya se  notaba una relación algo más que amistosa entre ella y John.

¿La Señora Winston?

“Si algo podía decir de mi madre Julia era esa parte que ella no soportaba de mí ante mis actitudes. Alma me podía leer como un libro” John Lennon en una entrevista para el libro “Love Me Do” de Michael Brown, 1965.

Las esporádicas reuniones after the shows que tenían en el departamento de Alma, así como las escurridizas aventuras que tenían entre bambalinas y camerinos llevaron a convertirse en algo más que una pareja de amantes furtivos, sino lograr que ella se convirtiera en algo más que eso para Lennon. Una amiga confidencial que le proporcionaba al beatle una serenidad y confianza ante el éxito que lo abrumaba y lo perdía en tremendas confusiones. Se había hecho una piedra filosofal para John, pero también un buen puerto adónde llegar después de las giras. Una mujer que ocho años mayor que él, le demostraba la templanza que debía tener ante un escenario, ante la prensa, ante la inspiración al componer, certezas que poco o nada le proporcionaba su entonces esposa, Cynthia Powell. Ésta misma se empezó a dar cuenta poco a poco de esa “amistad” que llevaba a más de ser una aventura a una relación más seria, lo que provocaba unos celos terribles en Cyn ante ya un inminente abismo que se empezaba a formar con John.

Por otro lado, había otros celos, los de Brian Epstein, enamorado desde que conoció a Lennon en aquel sórdido sótano lleno de ruido, como así llamó a The Cavern cuando entró dos años antes a conocer al cuarteto. Le tranquilizaba un tanto saber las “supuestas noticias” del lesbianismo de Cogan e incluso “inventó” para sus amigos de la prensa un “idilio al borde de matrimonio” entre Epstein y Cogan para evadir los chismes sobre su sexualidad. Lo mismo harían con la relación que mantenía con Lionel Bart. Sin embargo, las cosas no eran así.

De acuerdo a Chris Hutchins en el capítulo diez dedicado a el afaire Cogan-Lennon, “Love me do, Alma Cogan” del libro The Beatles meet Elvis, los hoteles del West End de Londres, fueron testigos de la pareja del Señor y Señora Winston (de acuerdo al segundo nombre de John) cada vez que acudían a reconocerse íntimamente. Pero había algo más entre cama y cama; una fuente de inspiración y confianza que hacía que John volviese a ver en Alma de nuevo a Julia, la madre que nunca tuvo en su infancia y poco en su juventud. Ese tramo que le hacía falta en una mujer mayor, el cobijo y esa fantasía edipica freudiana que lo atormentó hasta el final de sus días, aún con la presencia de aquella otra mujer, Yoko Ono, que lo manejó virtuosamente en todos los sentidos.

¿Scrambled Eggs para el desayuno?

Quien más sino Paul McCartney fuera quien conociera muy de cerca a John Lennon. Fue quizás, no sólo un testigo del affaire Cogan-Lennon sino un amigo de Alma quien recurría constantemente al departamento de Stratton Court para tomar una copa o mostrarle algunos de sus arreglos para tener una opinión. Y así fue. Justo cuando aquella madrugada de la primavera de 1965 que Paul tocó el interfón con cierta urgencia. Alma, en pijama y somnolienta pero acostumbrada a las visitas inesperadas de cuanto personaje de los escenarios se le presentaba a deshoras, recibió al joven McCartney con una inquietud: había soñado una tonada que no sabía adónde la había escuchado o si realmente era algo original. Se sentó en el piano negro de pared que tenía Alma en el salón y comenzó a tocar los primeros acordes de lo que sería YESTERDAY.

Key, la madre de Alma, se levantó y sin remedio les dijo si querían de una vez desayunar lo que les pareció buena idea y se encaminó a prepararles huevos revueltos, scrambled eggs que como título provisional Paul tuvo la ideo de ponerle así a su nueva composición en ciernes. Versión que tuvo que ser ocultada públicamente, cambiando lugar y personas, ya que Jane Asher aun era novia de Paul.

El piano que perteneció a Alma Cogan y donde Paul compuso Yesterday fue subastado por £250,000 en 2001.
Alma Cogan en el famoso piano.

Las composiciones que inspiró Alma.

Para entonces a finales de 1964 el álbum BEATLES FOR SALE tenía una serie de temas que hacían remembranza y homenaje a sus años rocanroleros como lo fueron Mr. Moonlight, Everybody wants to be my baby, Honey Don´t, Kansas City y Rock’n Roll Music de autores como Perkins, LIeber & Stoler entre otros, pero también sus temas propios que entre ellos estaba Eight Days a Week de Lennon & McCartney que en su mayoría pertenece a la creación de Lennon donde de manera incógnita le solicitaba a Alma estar con él ocho días a la semana. Esta canción tuvo, por supuesto una cover en la voz de la misma Alma como la veremos a continuación.

A partir de 1965 se fue dando cuenta de la competencia natural que ya demostraban otras interpretes femeninas más jóvenes como Helen Shapiro, Sandy Shaw, Cilla Black y Lulu, lo que tuvo que recurrir a grabar otros temas de The Beatles como su fuente de inspiración sentimental y musical del momento.

¡Pero quizás, de acuerdo a versiones más autorizadas, You´ve got to hide your love away de 1965 para el álbum Help! soundtrack de la película del mismo nombre, fue donde John solicitaba que no tenía por qué ocultar su amor, haciendo de él un hazmereir de medio mundo ante ese amor clandestino.

Alma Cogan falleció el 26 de octubre de 1966 por un cáncer uterino que no pudo atender a tiempo, justo dos semanas antes de que John Lennon llegara a las puertas de la Indica Gallery en el Soho Londinense para conocer por primera vez a la artista conceptual japonesa Yoko Ono. ¿Casualidad? O fue la muerte de Cogan el conducto para llegar a los brazos de la señora Ono.

Y hasta la próxima amigos y amigas lectoras esperando les haya causado interés y polémica este artículo.

¡Y recuerden… BEATLES 4EVER!!!!

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Luis Carlos Pichardo

He escrito para varias publicaciones de distinta índole como ha sido las ya desaparecidas revistas Sonido y Conecte dedicadas a la música rock. Actualmente me dedico a trabajar en la industria cinematográfica en producciones tanto de series para televisión, cine y comerciales como gerente de producción y locaciones.

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