“Cuando las campanadas suenan cinco, seis y siete,
estaremos justo en el séptimo cielo”.
(Rock around the clock)

 

Un tiempo antes de que el rey del rocanrol, el eterno Elvis, enardeciera a los jóvenes de fines de los cincuenta con su espástico movimiento pélvico y su sugerente y profunda voz, un atildado, correcto y bien vestido señor oriundo de Michigan, un tal Bill Haley, había encendido la mecha. En efecto, junto con su grupo “Los cometas”, lanzó en el año 1954 el simple “Rock alrededor del reloj”  (“Rock around the clock”, Freedman y Myers, 1952). El tema se convirtió en un gran éxito que trascendió las fronteras de los Estados Unidos, y llegó a vender más de un millón de copias. También apareció como el tema musical de la película Blackboard Jungle (Semilla de Maldad), protagonizada Glenn Ford, y terminó por convertirse en uno de los  hitos fundadores de un género musical que, con variaciones, transformaciones, apropiaciones y fusiones, se extiende hasta nuestros días. Sin embargo, hay en la canción misma, en su concepción si se quiere,  algunos elementos que a modo de la punta de una madeja o un hilo de Ariadna merecen, justamente, desenrollarse. Por un lado, resulta interesante la definición genérica puesta en el título mismo. En efecto “Rock alrededor del reloj” parece inscribirse rítmicamente en lo que se conoció como “rocanrol”. El “rock” propiamente dicho, vendría tiempo después. Según los especialistas, a partir de distintas elaboraciones que, partiendo de los sonidos que recorrieron un largo tramo desde África hasta los Estados Unidos en el cuerpo de los esclavos, volvía hacia Europa exportada en la música comercial norteamericana, transformada y oculta bajo el ropaje del rocanrol, ahora de rostro blanco. Pero, luego, desde las islas británicas sufrirá otras transformaciones hasta llegar a convertirse en lo que se conoció como “rock”, y que tuvo entre sus representantes más populares, a los inquietos, experimentales y talentosos “Beatles”, entre tantos otros. Aquí aparece otra punta interesante del ovillo ya que el tema parece plantear una relación que, por ese entonces y por la contemporaneidad misma, no resultaba tan trascendente. Se trata de la relación inextricable entre este género musical, “el rock”, y la temporalidad. Ahora, luego de transcurrido bastante más de medio siglo de esos hechos, es que queremos detenernos en algunos eventos y protagonistas –elección injusta y arbitraria a priori pero necesaria en medio de un género tan rico- que dan cuenta de esa relación, para esbozar así  algunas  breves reflexiones.

I

Cuando la noche del 8 de diciembre de 1980, el lunático Mark David Chapman descerrajó los cinco tiros sobre la humanidad de John Lennon frente a la puerta del mítico Dakota en el corazón de Manhattan, tal vez no “imaginó” que terminaría por construir alrededor de ese gran personaje que ya era Lennon, una leyenda. El sueño de toda una generación de ver reunidos nuevamente a los fabulosos cuatro parecía haber terminado. Sin embargo, la tecnología permitió, más de una vez, franquear esa barrera temporal y unir al beatle eterno con sus tres compañeros que aún habitaban por estos lares. En efecto, en 1995 y en el marco del proyecto “Anthology”, los tres Beatles sobrevivientes (Paul, George y Ringo) produjeron dos temas, a partir de unos demos grabados en forma rudimentaria por Lennon  y que fueron cedidos por su viuda, Yoko Ono. “Free as a bird” (“Libre como un pájaro”) y “Real Love” (“Amor real”), parecieron dar cuenta de que más allá del paso del tiempo y de las presencias o ausencias, la magia continuaba intacta. Y mientras por estos días el incansable Paul anuncia una nueva y última reunión gracias a la Inteligencia Artificial  a partir de una cinta desechada en los días de Anthology, “Now and Then” (“Ahora y entonces”) –vaya título-, Los Beatles parecen ya haber demostrado que sus sonidos se han decidido a permanecer caprichosamente circulando por el aire de este bello planeta.

II

Pero, mientras tanto, grupos también de la década del sesenta, entablan otro tipo de relación con la temporalidad. The Rolling Stones, por ejemplo, sigue girando por el mundo. Y si bien, la formación original sufriera un baño de temporalidad en forma temprana con la partida de Brian Jones en 1969, el grupo parece decidido a dar batalla.  El genial Jones resultó ser uno de los primeros en cruzar un portal que luego fue bautizado como el “club de los veintisiete”. Se trata de una triste agrupación a la que pertenecen músicos que tuvieron un final abrupto a esa edad temprana. Entre ellos pueden mencionarse a Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Kurt Cobain, Amy Winehouse, entre otros. Sin embargo, la piedra siguió rodando. Con nuevos integrantes el grupo se asimiló a un moderno “Fausto” y hasta pareció dar indicios de algún tipo de pacto secreto. Puede recordarse al respecto, el título del sexto disco de estudio Their Satanic Majesties Request (Petición de sus majestades satánicas) editado en 1967, el mismo año que el Sgt. Pepper de The Beatles; o el tema “Simpathy for the devil” (“Simpatía por el demonio”, 1968). Así, su líder Mick Jagger, desconociendo los signos que la temporalidad dibuja sobre su rostro y como un habitante del país de “nunca jamás”, continúa brincando, bailando y haciendo su típico movimiento de alas sobre los escenarios. Aun aquello que pareció asestar a la banda  un golpe final del destino, la partida del legendario baterista Charlie Watts en 2021, por el momento no ha dejado fuera del circuito a los  legendarios Stones. Grupos de la misma década como The Who, realizaron un recorrido similar y, ante la partida de algún integrante original, el baterista Keith Moon en 1978, intentaron reemplazos para continuar un tiempo más. Mientras que otras bandas  fundamentales del rock como Pink Floyd, por poner un caso,  fueron y vinieron al ritmo de las peleas y diferencias internas.

III

Algunos comenzaron su carrera formando parte de una banda emblemática pero luego, el destino los signó a una errante, extensa y exitosa trayectoria como solistas. Es el caso, entre tantos otros, del legendario guitarrista Eric Clapton. “Slowhand” (“Mano lenta”, como se lo conoce, por su particular forma de desarrollar los “solos” al estilo del blues y en base a una improvisación melódica con economía de sonidos e intensidad en la ejecución) participó en sus inicios del legendario grupo The Yardbirds (1963-1965), del “power trío” Cream (1966-1968) y de Blind Faith (1969). Sin embargo, ya en esa década,  su amistad con George Harrison le permitió transformarse en el primer músico en participar de esa hermética cofradía que eran Los Beatles. En 1968, el mismo Harrison lo invitó a realizar el recordado solo de uno de sus temas más emblemáticos en sus años beatle: “While my Guitar Gently Weeps” (“Mientras mi guitarra llora suavemente”). Según el propio Harrison, como Lennon y McCartney no parecían tomar en serio el tema: “Al día siguiente estaba yendo en auto por Londres con Eric Clapton y le pregunté: ¿qué haces hoy? ¿Por qué no vienes al estudio y tocas en una canción mía?”. (Rolling Stone, 2013: 95). Y más allá del dato según el cual Clapton  luego se casará con la ex esposa de Harrison, Pattie Boyd, el guitarrista participará de algunos evento memorables, como El concierto para Bangladesh, organizado por Harrison en el Madison Square Garden de Nueva York en 1971; o del homenaje a su amigo, el Concert for George, en el Royal Albert Hall de Londres en 2002. Luego de atravesar distintos infiernos y salir de ellos, el legendario Eric  parece seguir girando a lo largo del planeta para dar su propia batalla contra el tiempo.

Buenos Aires, 10 de agosto de 2023.

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