The Beatles

La vida de Brian (Epstein)

El ascenso de The Beatles a la fama mundial fue meteórico y abrupto. Una gran parte de responsabilidad de ese hecho recae sobre Brian Epstein, mánager, autodidacta, liverpuliano también y con un par de años más de edad que los integrantes de la banda. Así banda y mánager se adentraron en una aventura rauda y sin escalas que transformó definitivamente sus vidas. La de Brian Epstein, signada por una serie de escándalos a raíz de relaciones complejas con sus parejas. En este mismo sitio se puede encontrar un artículo de Tere Chacón que aborda con profundidad este aspecto en la vida de Epstein (https://elcirculobeatle.com/brian-dizz-cuando-el-amor-mata). Corría el año 1964, The Beatles conquistan el mercado musical de Los Estados Unidos, pero aún no habían realizado la transformación a partir de la experimentación sonora que los dejará en un pináculo de la historia de la cultura popular, ni siquiera McCartney había compuesto “Yesterday”.

Sin embargo, Epstein decide escribir su autobiografía A cellarful of noise (Un sótano lleno de ruido, Byron Preiss, 1964). Tenía por ese entonces veintinueve años y contaba con apenas dos como mánager del grupo. Llama la atención que en los albores de lo que se conoció como la “Beatlemanía” ya quisiera dejar por escrito los hechos que aún estaban desarrollándose. El mismo Epstein reflexiona al inicio del texto sobre este tema: “Al leer mis pruebas, se me ocurre que me van a preguntar por qué en medio de una vida ocupada, debería tomarme un tiempo libre de la gestión personal de mis artistas a quienes después de todo me he comprometido, para escribir mi autobiografía cuando aún no tengo treinta. Pero, es simplemente que quería poner en una etapa temprana, un relato preciso de la aparición de The Beatles y otros artistas desde mi propio punto de vista” (6). Tal vez el vértigo con el que vivía esos años podía presagiar un final abrupto como el que efectivamente ocurrió en agosto de 1967 (tres años después), fruto de una sobredosis de pastillas mezcladas con alcohol.

En una época en la que la palabra impresa circulaba y servía para atestiguar, en un mundo donde no proliferaban programas televisivos las veinticuatro horas, un contexto aún no globalizado y que deberá esperar hasta 1967 para la primera transmisión vía satélite (en la que participarán The Beatles), la propuesta resulta pertinente y válida como testimonio. Toda autobiografía parece otorgar cierto sentido de atemporalidad, o como reflexiona Arfuch: “Una ilusión de eternidad que según Philippe Lejeune (1975) acompaña toda objetivación de la experiencia” (2007: 33). Este tipo de texto descansa en un lo que se conoce como “pacto autobiográfico. Es decir, un contrato de identidad implícito de creencia y verdad entre autor y lector, que se rubrica a partir del nombre propio. (2007: 46). Entonces ahora, luego de que transcurriera tanto tiempo y tanta historia, resulta fresco, oportuno e interesante volver al relato de los acontecimientos, a partir de la voz y la mirada de Brian Epstein como un cronista privilegiado de los hechos mientras estos, efectivamente, estaban ocurriendo.

Desde la caverna

Cuando finalmente se produjo el encuentro entre The Beatles y Brian Epstein, quien pretendía representarlos, Paul McCartney no llegaba. El lugar era la tienda de electrodomésticos NEMS, negocio familiar de los Epstein. Brian, inglés liverpuliano con aspiraciones, no consideraba un buen comienzo que uno de los integrantes de la banda se retrasara a un encuentro tan importante. Fue el mismo Harrison quien telefonea a la casa de los McCartney en el número 20 de Forthlin Road. Así se entera de que Paul está tomando tranquilamente un baño. La noticia termina por enfurecerlo. Norman, en la biografía de McCartney, pone en los labios de Epstein la siguiente frase: “Va a llegar muy tarde”. Y Harrison, con el toque de humor y repentismo que lo caracterizara responde: “Pero muy limpio”. (2018:118). La escena sirve para dar cuenta de uno de los rasgos fundamentales del futuro mánager. Resulta interesante también, retroceder un poco en el tiempo para llegar al momento en que Epstein se entera de la existencia de The Beatles.

El relato tiene características cinematográficas, casi míticas. Y, aunque Norman desmitifica y echa por tierra el carácter romántico del hecho (afirma que ya había oído hablar de la banda), Epstein rubrica con datos y fechas ese evento: “Aproximadamente a las tres de la tarde del sábado 28 de octubre de 1961, un joven de dieciocho años llamado Raymond Jones, vestido con jeans y chaqueta de cuero negro, entró en una tienda de discos en Whitechapel, Liverpool, y dijo: “Hay un disco que quiero. “My Bonnie” y se hizo en Alemania. ¿Lo tienes?’ Detrás del mostrador estaba Brian Epstein, de veintisiete años, director de la tienda. Él sacudió su cabeza. “ ¿De quién es el disco? ”, preguntó. ¿No escuchaste hablar de ellos? “, dijo Jones. “Es de un grupo llamado The Beatles … ” (1988:7).
La curiosidad llevó a Epstein no solo a averiguar más sobre el grupo, sino hasta a aventurarse por senderos que no había transitado: “Una chica que conozco dijo: ‘¿The Beatles? Son lo mejor. Están en The Cavern esta semana (…) era un almacén en desuso debajo de Mathew Street, Liverpool. (…) Llegué a los grasientos escalones que conducían al vasto sótano y descendí con cautela (…).

Dentro del club estaba tan negro como una tumba profunda, húmeda y apestosa y lamenté mi decisión de venir. (…) por primera vez los vi (…) Nunca había visto nada como The Beatles. Fumaban mientras tocaban, comían, hablaban y fingían golpearse. Le dieron la espalda al público, les gritaron y se reían de chistes privados. Pero dieron un espectáculo cautivador y honesto, y tuvieron un considerable magnetismo. (…) George fue el primero en hablar conmigo. Un chico delgado y pálido con mucho pelo y una sonrisa agradable. Me estrechó la mano y dijo: “Hola. ¿Qué trae el Sr. Epstein aquí? ‘y le expliqué que había tenido consultas sobre su disco alemán. Llamó a los demás, John, Paul y Pete Best, y dijo “este hombre quisiera escuchar nuestro disco”. Nunca en mi vida había pensado en dirigir o representar a un artista, o estar involucrado de alguna manera en una presentación detrás de escena, y nunca sabré qué me hizo decirle que sí a este excéntrico grupo de chicos” (34-35).

De Liverpool al infinito

Sin lugar a duda, Epstein significó un gran cambio para The Beatles. Se podría decir que los formateo para el floreciente negocio de la música pop. Cambió su modo de vestir, les dio pautas de comportamiento en escena, pero nunca se entrometió en los aspectos musicales. En este sentido tuvo un gran respeto desde el comienzo. Sin embargo, no le fue sencillo lograr introducirlos en el circuito de la música inglesa. Banda y representante provenían del interior y esta fue una primera barrera respecto de la metrópoli multicultural que era Londres. Al principio, sólo se encontró con rechazos: “Grabamos varios números y luego regresamos a Liverpool para esperar. Regresé a Decca nuevamente en marzo, por invitación para una cita para el almuerzo. Me sentí pesimista, pero traté de no mostrarlo (…). Tomamos café y el señor Rowe, un hombre bajo y regordete, dijo: “No me animo a las palabras, señor Epstein, no nos gusta el sonido de sus chicos. Grupos de guitarristas están a punto de desaparecer “. Dije, enmascarando la fría decepción que se había apoderado de mí: “Estos chicos van a explotar. Estoy completamente confiado en que algún día serán más grandes que Elvis Presley” (42).

Convencimiento, intuición u optimismo desmedido, luego Epstein tuvo que enfrentarse a The Beatles para contarles lo sucedido: “Tomamos mucho té y fumamos un poco y dije esto y aquello sobre el futuro (…) Entonces George, soplando una nube de humo en el aire como si no le importara nada, de repente se volvió hacia mí y dijo: “¿Qué hay de Decca, Brian?” “Me temo que no sirve de nada”, dije. “He tenido un” No “rotundo”. (…) volvería a Londres con nuestras cintas. Una vez más, algo en The Beatles me estaba dando fuerza y optimismo. (45). Por suerte, fruto del azar o la predestinación, George Martin, productor de Parlophone para EMI, se cruzó en el camino: “Me gustan sus discos y me gustaría ver a sus artistas”, dijo. (…) Martin es un hombre esmerado con un magnífico oído para la música y un gran sentido del estilo. (…) George había comentado: “Sé muy poco sobre grupos, Brian, pero creo tienes algo muy bueno aquí”, y esto para mí había sido el mayor elogio. (…) A George también le gustaba George Harrison en la guitarra y estaba entusiasmado con la voz de Paul “Tiene la voz más comercial de todos”, comentó” (47).

Cuando todo parecía ir viento en popa, un nuevo escollo asomó para Epstein: “George Martin no estaba muy contento con la batería de Pete Best y The Beatles, tanto en Hamburgo como en casa, habían decidido que su ritmo era incorrecto para su música. (…) tarde o temprano querían que Pete se fuera. Pensaban que era demasiado convencional para ser un Beatle (…) Y una noche de septiembre se acercaron y me dijeron: “Queremos que Pete salga y Ringo entre”. (…) Tuve una noche de insomnio después de mencionar casualmente a Pete que me gustaría que llamara a la oficina al día siguiente porque había algo que quería discutir con él. Llegó a tiempo, tan tranquilo como siempre. (…) le dije que traería un nuevo baterista para The Beatles (…) después de dos horas de hablar sobre el tema Pete salió de la oficina muy molesto y pesimista (…) nunca más tocó con The Beatles (…) Las pandillas merodeaban por Matthew Street arriba del Cavern y la multitud gritaba: “Pete para siempre, Ringo Nunca “, y ondeaban pancartas. (Ringo) Se afeitó la barba, se peinó y se convirtió en puro Beatle” (51).

Luego, el tiempo se aceleró: “En todas las etapas de la carrera de The Beatles, ellos y yo parecíamos haber alcanzado lo que creo que es lo último. En primer lugar, fue el contrato de grabación con E.M.I, en 1962. Entonces eso fue el éxito de su primer disco; pero esto, por supuesto, fue solo el comienzo. (…) el miércoles 12 de febrero, The Beatles encabezaron las listas y unos días antes me había visto obligado por la presión de los compromisos a convertir una oferta de varios miles de libras para que The Beatles aparecieran en el Madison Square Garden en Nueva York. Vivíamos en un estado de extrema turbulencia y la emoción dejó a todo el mundo, excepto a los suaves y sencillos Beatles, tambaleantes y aturdidos. (…) La Beatlemanía había descendido sobre las Islas Británicas en octubre de 1963. Sucedió repentina y dramáticamente y no estábamos preparados para ello” (60).

Mañana nunca se sabe

Resulta interesante detenerse en la descripción que realiza Epstein sobre las características incipientes de The Beatles: “(Paul) tiene un talento enorme (…) Creo que es el Beatle más encantador (…). Tiene una sonrisa magnífica y un entusiasmo que utiliza, no por efecto, sino porque sabe que son activos que traerán felicidad para quienes lo rodean. Paul es una estrella mundial, muy musical con una voz más melódica que John y, por lo tanto, más aceptable comercialmente. Además, y esto es vital para mí, tiene una gran lealtad a los otros Beatles y a la organización que lo rodea. (…) John Lennon, su amigo de la niñez, su coautor de tantas canciones es la figura dominante en un grupo que, virtualmente, no tiene un líder; es, en mi opinión, un hombre excepcional. Si no hubiera habido Beatles ni participación de Epstein, John habría emergido de la masa de la población como un hombre para tener en cuenta. Puede que no hubiera sido cantante o guitarrista, escritor o pintor, pero sin duda habría sido algo. No puedes contener un talento como este. Hay en el conjunto de su cabeza una agresión controlada que exige el respeto. (…) Ringo Starr, el último en convertirse en Beatle, entró en el grupo no porque yo quisiera, sino por decisión de los chicos. Pensé que su tamborileo era bastante fuerte y su apariencia poco impresionante y no pude ver por qué era importante para The Beatles. Pero otra vez confié en sus instintos y ahora estoy agradecido. Se ha convertido en un excelente Beatle y un amigo devoto. Es cálido e ingenioso, un buen baterista y me gusta enormemente. Es un joven muy sencillo y agradable. Rara vez nos peleamos porque él, probablemente más que los demás, está dispuesto a la mayoría de las sugerencias. (…) Es muy fácil estar con George. (…) es el Beatle empresarial. Tiene curiosidad por el dinero y quiere saber cuánto está ingresando y cómo y qué es mejor hacer con él para hacerlo trabajar. Es generoso pero astuto. Le gustan los coches, grandes y rápidos. Los extraños lo encuentran un conversador fácil porque es un buen oyente y muestra un interés genuino por el mundo exterior. (…) Y además de todas estas características, es, aunque no uno de los compositores prolíficos, muy músico. George tiene mucho cuidado con la puesta a punto antes de un espectáculo. Tiene un oído muy fino para el sonido y para la afinación y los demás lo respetan por ello. (…) Prácticamente, si Paul tiene el glamur, John el comando, Ringo la singularidad, George con su sonrisa lenta, amplia y torcida es el chico de al lado” (72-75).

Finalmente, al terminar su precoz autobiografía Epstein da cuenta de sus gustos y del futuro: “(…) no sé cuánto tiempo durarán The Beatles y ellos tampoco. Pero el barómetro parece ser muy prometedor. Son la mayor atracción que la industria del entretenimiento ha conocido, o conocerá, y este tipo de grandeza no se disuelve de la noche a la mañana o incluso en un año. Creo que realmente el futuro es totalmente de The Beatles y de mí. Si tenemos mucho cuidado, podemos seguir haciendo historia en el mundo del espectáculo (…) Por mucho que socialice con los grandes y famosos, preferiría un lugar tranquilo (…) y mucho más allá de lo que el dinero puede comprar, me encanta apoyar mis codos en la parte de atrás de los puestos y ver cómo se levanta el telón sobre John, Paul, George y Ringo (…) ¿Mañana? Creo que el sol brillará mañana” (89-96).
(Colocar foto: Epstein y The Beatles 1)

Referencias:

Arfuch, L. (2007) El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
Epstein, B. (1998) A cellarful of noise. New York, Byron Preiss.
Norman, Ph. (2018) Paul McCartney: la biografía. Barcelona, Malpaso ediciones.

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Bernardo Suárez

Investigador en el Instituto de Artes del Espectáculo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y autor del libro "Discurso humorístico. Una mirada desde la Polifonía enunciativa a los textos de Les Luthiers" . Dos de sus inquietudes y pasiones son el humor y la música.

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