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John Lennon

Bitácora de viaje: Mirando las ruedas

La relación entre la ciudad de Nueva York y John Lennon ha sido al menos, turbulenta. De un lado, Lennon había quedado fascinado con esa gran urbe multicultural, con su ruido, sus clubs nocturnos, los espectáculos musicales y el jet set. Del otro lado, la ciudad representaba a un país que le negaba la visa, que lo perseguía aduciendo sus problemas con las adicciones. Que lo investigaba por sus abruptas y destempladas manifestaciones políticas durante el gobierno de Richard Nixon y las incursiones armadas de este país en Vietnam. La pareja venía huyendo de Londres, de los asedios hacia Yoko, de la persecución por la tenencia de drogas. Los Lennon Ono llegaron a nueva York en 1971 junto con el lanzamiento de Imagine. Residieron primero en el lujoso hotel St. Regis. Luego se mudaron a un loft en West Village, pero después de un frustrado intento de robo y ante la atenta vigilancia del FBI por el suceso de la campaña, Happy Xmas /War is over, la pareja decide mudarse.  Finalmente, en 1973, encontraron su lugar en un piso del histórico edificio de departamentos Dakota, justo frente al Central Park. Curiosamente, uno de los paisajistas a los que se le encarga el proyecto de construcción del parque en 1857, Law Olmsted, comentó haber quedado impresionado por el imponente parque público Birkenhead, situado en la zona del Merseyside, aledaño a Liverpool, que finalmente terminó siendo uno de los modelos utilizados. Vaya a saber si ese espacio verde le haya traído al Beatle reminiscencias a los aires respirados en la infancia.  Lo cierto es que la Ciudad de Nueva York, además de titular uno de los discos solistas de Lennon donde se registra su inolvidable actuación en el Madison Square Garden en 1972 y de ser el escenario de su última aparición dos años después como invitado de Elton John, se convirtió en el lugar en el que también, de modo abrupto, terminarían sus días.

“Como todo el mundo sabe, Nueva York es una ciudad en la que no tienes que nacer aquí para ser neoyorquino, solo tienes que enamorarte de ella. Así que mi padre era un neoyorquino de corazón”, afirmó Sean, segundo hijo de Lennon, en el homenaje que le realizaron en el Empire State Building con motivo de celebrarse el 80 aniversario de su nacimiento.

En los calurosos días del mes de julio del 2016 estuve en la ciudad de Nueva York y durante dos tardes decidí recorrer los lugares que recordaban la presencia allí de Lennon. El edificio Dakota, claro está; el Central Park, en cuyos senderos aparecen junto a Yoko en varios de sus clips. Según se dice, Yoko esparció las cenizas de Lennon en el Central Park, en el memorial que hoy se conoce como Strawberry fields; y cuando uno recorre esos lugares pareciera que el espíritu inquieto, burlón y genial de John hubiese decidido quedarse finalmente en esa manzana.

Un día en la vida

El 8 de diciembre de 1980 quedará grabado en la memoria de muchos, como también esas imágenes a las puertas del edificio Dakota. El registro fílmico muestra a la multitud que, agolpada desde la valla colocada frente a la arcada de ingreso al edificio sobre la avenida 72, se pierde como una marea cubriendo parte de la superficie del Central Park.

El edificio Dakota había comenzado a construirse en 1890 a pedido del dueño de la empresa de máquinas de coser Singer, según se detalla. El diseño arquitectónico de los pisos superiores remite al Renacimiento alemán; sin embargo, el diseño interior responde al estilo francés. Su fachada, en líneas generales, representa la arquitectura neogótica. Situado en una manzana, se encuentra dispuesto en torno a un patio central al que se accede por una gran arcada, tristemente célebre porque fue allí donde Mark David Chapman disparó sobre Lennon. Sin embargo, el ex Beatle no resultó ser el único habitante famoso del edificio. En la lista figuran actrices como Lauren Bacall, Judy Garland o Mia Farrow; el popular actor de películas de terror, Boris Karloff; el compositor Leonard Bernstein, el bailarín Rudolf Nureyev y la cantante Roberta Flack. En su interior, Roman Polansky filmó El bebé de Rosemary, en 1968, protagonizada por Mia Farrow. Actriz con quien Lennon había compartido ese mismo año las sesiones de meditación con el Maharishi en la India.

Lennon ya había caminado antes por los senderos del Central Park. En febrero de 1964 durante la gira norteamericana que significó la explosión de la beatlemanía, los Beatles realizaron una sesión de fotos en medio de un invernal frio en el escenario nevado del parque. La banda se encontraba en el Hotel Plaza ubicado en el vértice sur del Central Park y la Quinta avenida.

Hay un tramo relativamente corto entre el edificio Dakota y el lugar en el Central Park donde se erige el memorial Strawberry fields, prácticamente un par de cuadras. Para el visitante que además de turista es admirador de Lennon, resulta una peregrinación. Y cuando se llega al memorial hay una sensación extraña que surca el lugar. Como en otros tantos sitios emblemáticos, el cruce de Abbey road en Londres, por ejemplo, se produce un fenómeno de doble sentido. Por un lado, mucha gente que posa y se saca fotos como en cualquier otro lugar que se lo considera popular, y otros a los que aborda un estado de sobrecogimiento. Ambos sentidos parecen también confluir. Al cumplirse el quinto aniversario del asesinato de Lennon en 1985, su viuda Yoko Ono, realizó una celebración e invitó a líderes de distintos países. En esa oportunidad, desde diferentes lugares del mundo enviaron obsequios, especialmente especies autóctonas de árboles que fueron trasplantados en la zona. Desde Nápoles llegó ese mosaico blanco y negro con la palabra “Imagine” en el centro, diseñado por un grupo de artistas de esa ciudad.

El diseño se ha convertido en un imán, algo así como un centro de atracción. Es común que la gente se reúna en torno a esa imagen, tome guitarras o cualquier elemento que emita sonido, o simplemente sus gargantas y se aúna para cantar y tocar.  En definitiva, eso es lo que mejor hacía John.

Hoy es un día cualquiera en Nueva York. Me detengo frente a ese enorme mandala y me dejo llevar por las líneas y las figuras que me conducen inexorablemente hacia la palabra “Imagine”. Las formas se repiten, como el motivo en el tema musical que, invitando a realizar un ejercicio de imaginación, parece transformarse en una especie de letanía: “Imagina que no hay paraíso, que no ha países, que no hay posesiones… Un motivo cromático asciende en el piano: “La, La#, Si, Do”, que se repite vinculando lo imaginado y, al sumarse al timbre monocorde de la voz de Lennon, colabora en el sentido general de la letanía. Como en el video del mismo nombre, filmado en Tittenhurst, su finca georgiana situada en las afueras de Londres, uno tiene la sensación de que “Esto no está aquí. De a poco se acerca gente con guitarras en torno al mosaico y comienza, como si se tratase de un góspel, a sonar “Imagine”. No quería dejar el lugar sin un registro que dijera “estuve ahí”. Cuando me disponía a tomar una foto, mi espalda golpea con otra espalda. Me volteo. Otro argentino, con la misma camiseta de mi club de fútbol, pugnaba también por una foto. Demasiadas coincidencias. Nos confundimos en un abrazo.

Imagine there’s no countries. It isn’t hard to do (…)  A brotherhood of man. Imagine all the people, sharing all the world”. [“Imagina que no hay países. No es difícil hacerlo (…) Una hermandad humana. Imagina a toda la gente compartiendo todo el mundo”].

No sé si Lennon estaba convencido de lo que decía. Difícil comprobarlo. Pero sí podemos experimentar lo que su arte genera en los otros. Caminé por los senderos del Central Park, los mismos en los que John caminara para el video de Mind Games. Las imágenes resultan tan vívidas que uno tiene la sensación de que en cualquier momento puede aparecer enfundado en su sacón negro, con ese sombrero de ala ancha, los anteojos redondos y balanceándose al caminar. (“We ´re playing those mind games together”) “Juguemos juntos estos juegos de la mente”, diría.

Salgo del parque y me topo nuevamente con el Dakota. Cruzo la calle 72 y me ubico justo frente a la arcada de ingreso. A la izquierda se encuentra la garita de seguridad. Ya no están ahí ni José Perdomo, el portero cubano, ni Jay Hastings, el joven vigilante quién vio caer a Lennon. Me siento sobre el cordón y observo la escena. Pienso en Lennon y Ono saliendo y entrando. Pienso en cuantas bellas canciones quedaron truncas junto con la joven vida de John ese ocho de diciembre. Mientras tanto, los autos pasan raudos desde Central Park West.

“I’m just sitting here watching the wheels for round and round.
I really love to watch them roll.
No longer riding on the merry-go-round.
I just had to let it go”.
(“Solo estoy sentado aquí mirando las ruedas girar y girar.
Realmente me encanta ver sus giros.
No más viajes en el “Trenecito de la felicidad”.Es solo que ya lo dejé ir”).

Dream is over

Antes de abandonar la zona quise observar el Dakota por última vez. Parado en la esquina de la Avenida 72 y Central Park West miré hacia arriba, hacia el balcón del séptimo piso (en el apartamento 72 de ese piso residían John y Yoko). Cuando bajé la vista justo pasó delante de mí uno de esos carruajes de paseo para los turistas, tipo Mateo, pero más pequeño. Llevaba en su interior a una joven pareja. Al pasar, el chofer enfundado en su doble papel de conductor y guía dijo: “En la puerta de este edificio asesinaron a John Lennon”. Ambos jóvenes se miraron y el muchacho respondió: “¿Y quién era?”. El chofer miró a sus jóvenes pasajeros y no sin cierto asombro, respondió: “Un músico de rock”. Los jóvenes siguieron con la mirada absorta en el Central Park. El chofer apresuró el paso. Pensé que se trataba de una situación muy “Lennoniana”, y que tal vez John, con su tono ácido y burlón y su mirada displicente, hubiese canturreado algo así como: “I don´t believe in…”.

Referencias:

La palabra bitácora proviene del francés: bitacle, y refiere a un tipo de armario propio de los barcos donde se fija el timón y la aguja náutica. De este modo se busca facilitar la navegación por aguas desconocidas. El armario suele estar acompañado por un cuaderno conocido como “cuaderno de bitácora” en le que los navegantes registran los acontecimientos que suceden durante el viaje.

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Bernardo Suárez

Investigador en el Instituto de Artes del Espectáculo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y autor del libro "Discurso humorístico. Una mirada desde la Polifonía enunciativa a los textos de Les Luthiers" . Dos de sus inquietudes y pasiones son el humor y la música.

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