George, los Hells Angels y el caos en Apple

El 7 de agosto de 1967 y de visita en San Francisco, California, George, Patti, Jenny (Boyd), Derek Taylor y Neil Aspinall se dieron una vuelta al Distrito Haight-Ashbury, la zona de los hippies en la ciudad. Ahí, en la esquina de la calle Divisadero, se encontraron de frente a los líderes del Capítulo San Francisco de los Hells Angels, Bill “Sweet Willie Tumbleweed” Fritch y Frisco Pete (Pete Knell).

En la actualidad el club de motociclistas más grande del mundo, el Hells Angels Motorcycle Club (HAMC), fue fundado en 1948 por un veterinario de nombre Otto Friedly con el fin de enfrentar a una pandilla rival. Con el tiempo la imagen del motociclista rudo y poco amigable enfundado en una chamarra de cuero y montado en una Harley Davidson se ha extendido a más de 30 países. Sin embargo, en la década de los 60, el tener acceso a sus líderes era poder de sólo unos pocos.

Siendo uno de estos últimos, George mostró su aprecio al breve encuentro entregándoles su tarjeta de presentación y, sin pensarlo, los invitó a visitarlo en Londres.

Les tomó un poco más de un año juntar el dinero pero finalmente, a base de pequeñas y grandes extorsiones, a principios de diciembre de 1968, el novelista norteamericano Ken Kesey le avisó a George que el grupo viajaría el 21 del mismo mes a cumplir con la invitación que les había hecho.

Raudo y veloz, George compartió la noticia el 4 de diciembre de 1968 con todo el personal de Apple que vendría un contingente de visitantes fuera de lo común:

De: George Harrison
Para: Todos en Apple
4 de diciembre de 1968
Los Hells Angels estarán en Londres la próxima semana, en su camino a enderezar Checoslovaquia (referencia a la agitación política que vivía ese país). Serán 12 en número completo con chamarras de cuero negro y motocicletas. Sin duda, llegarán a Apple y he escuchado que pueden intentar hacer uso completo de las instalaciones de Apple. Podría parecer que los van a matar, pero son muy derechos y hacen cosas buenas, así que no les muestren temor ni la incomodidad que pudieran sentir. Intenten ayudarlos sin descuidar su trabajo en Apple y sin permitirles que tomen el control de Savile Row.

La ilustre comitiva, compuesta por los ya mencionados Frisco Pete y Bill Fritsch, sus “viejas” (de acuerdo a ellos), Blanhe y Frankie Hart, el novelista Kesey, Peter Coyote del grupo San Francisco Mime Troupe, Peter the Monk (su guía espiritual), Slade y Spider del Pleasure Crew, Connie Bonner y Sue Swanson de Deadheads y dos managers de Grateful Dead, Danny Riflkin y Rock Scully, despegó el 21 de diciembre en un DC-8 de Air India con ruta hacia Gran Bretaña.

Para aprovechar las largas horas del viaje nocturno y ya que el vuelo iba semivacio, el grupo desmanteló algunos asientos del avión con el fin de hacer el espacio suficiente para que se pudieran sentar en flor de loto en círculo. Se contaron historias, cantaron al ritmo de una armónica y, de paso, vieron como Peter Coyote se inyectó vitamina B12 combinada con metanfetaminas en el estómago, un remedio que le había sido recetado por el famoso Dr. Feelgood de Nueva York para combatir su hepatitis. Y como todos estaban conscientes de que iban a terminar enfrentándose a los oficiales de la aduana londinense, convinieron tragarse todo aquello que no podría ser eliminado en el retrete del avión. ¡Esas eran fiestas, señores y señoras!

En Apple se enteraron de que los Hells Angels ya habían llegado a Londres por medio de una llamada de la oficina de aduanas del aeropuerto de Heathrow. Dos Harley Davidsons excedían los requerimientos de traslado aéreo y para liberarlas, se debían pagar 250 libras. Y Apple tenía que pagar rápido además.

Finalmente el grupo llegó con todo y sus motos al número 3 de Savile Row. El portero de Apple, Jimmy Clarke, pudo controlar su sorpresa al verlos llegar pero no cuando uno de ellos le dijo que George Harrison los estaba esperando.

“No dudo ni por un minuto que son amigos del Sr. Harrison,” les dijo, “pero es aún temprano y éste no ha llegado. ¿Les puedo ofrecer un té en la sala de espera mientras se presenta?”.

Horas después, George llegó al lugar. Varios Hells Angels se habían dormido en la sala de espera y otros en el piso de su oficina y sólo la presencia del Beatle los pudo sacar de la somnolencia que les provocó el haber viajado toda la noche anterior. Como buen anfitrión inglés, George les dio una visita guiada por el edificio de Apple y de un momento a otro desapareció.

Quedó entonces en manos del personal de Apple la decisión del hospedaje de los visitantes. Frisco Pete y Bill Fritsch junto con sus mujeres fueron enviados al departamento de Richard DiLello, personal de Apple y el resto fueron distribuidos en departamentos de conocidos así como en las mismas oficinas del edificio. En lo que se hacía de noche, los Hells Angels fueron invitados a explorar la ciudad.

El 23 de diciembre era el día en el cual Apple daría su fiesta de Navidad. Para hacerla en grande, se habían contratado los servicios de Ernesto Castro, un ventrílocuo muy popular al momento así como los de su esposa April. Entre ambos presentaban espectáculos infantiles y el que se daría en Apple estaba programado para las 2:30 de la tarde. Los hijos de los empleados de la empresa así como los de los amigos de la compañía estaban invitados. Más de 100 niños llegaron.

Para el entretenimiento de los adultos se había programado un evento en la oficina de Peter Brown que daría inicio a las 2:30. Sin embargo dos horas antes y en paralelo con el festejo a los infantes, las salas de espera de Apple se llenaron de personajes que muy pocos reconocían y que contaminaban el poco aire respirable fumando mota y hashish libremente.

La idea era que los invitados adultos, después de brindar con Peter Brown, pasarían a la oficina de prensa en donde John, vestido de Santa Claus, Yoko, vestida de… ¿Sra. Claus?, y Mary Hopkin les repartirían un recuerdo del evento.

Sin embargo, la poca organización del evento desató un caos. Mientras Mr. Lennon y su mujer repartían regalos entre el personal de la compañía en un salón repleto de personas, Frisco Pete, robusto como era, se abrió paso entre los presentes a codazo puro y se situó enfrente del Beatle.

“¿Qué demonios sucede aquí?”, le preguntó. “¡Queremos comer! ¿Qué es esta mierda de que tenemos que esperar a que den las siete?”.

La ira de Frisco Pete respondía a las indicaciones de las chefs Cordon Bleu de Apple, Sally y Diana, que habían señalado que la cena tipo buffet se serviría en el comedor de Apple a partir de las 7:00 p.m. Este festejo incluiría un enorme pavo de 20 kilos.

Se hizo un silencio tenso en la habitación que fue interrumpido por Alan Smith, esposo de una empleada que trabajaba en la oficina de prensa de la compañía. Éste le empezó a solicitar al Hells Angel que tuviera consideración. Intentó terminar su solicitud pero un golpe directo a la quijada lo tiró al piso.

De ahí, la atención de Frisco Pete se fue directamente contra John. Le gritó en un tono sumamente alarmante que los Hells Angels querían comer y que querían comer ya. Necesitaban que el comedor se abriera porque no estaban dispuestos a esperar.

Afortunadamente (para John), Peter Brown irrumpió en la sala. Le explicó con mucha calma a Frisco Pete que sólo serían diez minutos de espera y que lo acompañara para que pudieran él y su banda de rudos ser los primeros en ingresar al comedor. El efecto deseado se logró y el Hell Angel salió del salón dando zancadas.

Las puertas del comedor, efectivamente, se abrieron diez minutos después. Aquellos que tuvieron la suerte de estar en primera fila para ingresar pudieron vislumbrar una presentación de varias mesas alineadas contra las tres paredes del fondo llenas de comida y bebidas.

La vista duró poco. De un salto y seguido por el resto de los Hells Angels, Frisco Pete tomó el maravilloso pavo que descansaba en la mesa principal con las manos. En un despliegue de fuerza física le arrancó una pierna de al menos dos kilogramos de peso. Se la llevó a la boca sin mayor ceremonia y le aventó lo que quedaba de la pobre ave a sus compañeros de grupo que se la comieron con las manos. Y dado que ninguna fiesta es realmente válida hasta que alguien vomita, varios de los invitados de Harrison hicieron lo propio en las alfombras del lugar para que nadie los olvidara. Los Hells Angels poco dejaron para el resto de los invitados y ni siquiera tocaron los cubiertos para tal fin designados.

Y así terminó la fiesta de Navidad de 1968 de Apple. Única, ¿no es así?

Un par de días después, avergonzado por el comportamiento de sus invitados pero aliviado por su sabia decisión de ni siquiera asomar la nariz en el festejo navideño, George se acercó a los Hells Angels con la idea de desalojarlos del lugar. Sabía que el personal de Apple simple y sencillamente no los soportaban y que era imperativa su salida.

Lo hizo de la manera más indirecta posible. “Bueno, ¿van a sacar todas tus cosas de aquí esta noche?” le preguntó al grupo. La pregunta retórica fue recibida con un largo, confuso e incómodo silencio. Finalmente, uno de ellos habló. “Oye, hombre, solo quiero hacerte una pregunta: ¿te caemos bien o no?”.

George sólo respondió: “Yin y yang, cara y cruz, sí y no”.

Neil Aspinall, que acompañaba a George a esta reunión por si las dudas, les dejó clara la intención.

“Ya saben, ¡lárguense!”.

Y fue sólo así que los Hells Angels abandonaron el lugar. Y para siempre, por fortuna.

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Tere Chacon

Titular de El Círculo Beatle. Beatlera, podcastera, desarrolladora web, locutora, autora y otras maravillas... Embajadora global de la Beatlemanía por The Beatles Story.

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