Una Muy Corta Historia Con Título Largo: De Como Un Adolescente de 15 Años Vivió La Muerte de John Lennon (This Is The End Of The Innocence)

“…ah, look at all the lonely people…”

Paul McCartney, 1966

Lunes 8 de diciembre de 1980. Parafraseando al presidente Franklin D. Roosevelt después del ataque a Pearl Harbor de diciembre de 1941, ésta es una fecha que vivirá en la infamia causada por un loco peligroso que afortunadamente sigue tras las rejas y que espero que pase el resto de su miserable vida allí. Es lo mínimo que merece un insecto así.

Sin duda, el día de hoy leerás muchas cosas acerca del maese Lennon, datos biográficos, escucharás Imagine unas 34 veces mínimo en la radio, etc. pues no debe de olvidarse el legado Lennoniano a la música, el arte y la transformación a la vida mundial que significó su existencia y su obra; sin embargo, lo que hoy te quiero platicar es como me tocó vivir siendo un crío de 15 años la muerte de uno de mis máximos héroes musicales y por qué dejó un mensaje de desesperanza para esa navidad que se acercaba un mucho más lentamente que en estos días, según mi particular percepción.

Les empezaré platicando que ese lunes me levanté con una extraña buena voluntad para ir a mi adorada Prepa Uno de la UNAM, la cual todavía estaba en el venerable edificio del hoy Colegio De San Ildefonso y a la que había ingresado con la muy ligera presión de parte de mi madre adorada Doña Judifluris quien, muy amablemente, ya había recalcado de forma tajante que, de no ingresar a la H. Escuela Nacional Preparatoria número 1, me podía ir despidiendo de todos mis privilegios que mi hogar me brindaba-y mira que no eran pocos-, para ir consiguiendo un cajón para bolear zapatos, ya que todos y cada uno de los hombres de apellido Flores habían cursado allí su bachillerato y no iba a ser yo la vergüenza de la familia, ni pensarlo.

Y es que la situación era desesperante pues todos mis cuates de la palomilla que habíamos hecho el examen de admisión ya habían recibido su carta de aceptación. Para mi santa madre no existía otra opción más que esa, pues los cecehaches y colegios de bachilleres le daban una patada en el hígado. En otra ocasión les contaré el casi infarto que me iba a dar por enterarme de mi entrada al nivel educativo medio superior.

Esa madrugada de lunes encendí la radio, y esto me encontré en Radio Capital:

Plastic Doll, Angie Bee

La cual por cierto aún me sigue gustando a pesar de ser una rolita tan básica. Después de la bañada de rigor y de estar repasando mentalmente las lecciones de álgebra que nos daba el muy mamón Profesor Unamuno -a primera hora matemáticas, guácala– y a lo largo del trayecto del camión vitrina Peralvillo-Tlalnepantla (ruta 59), el cual me dejaba sobre Brasil y Luis González Obregón, llegaba barriéndome al salón del tercer patio a clase.

La muy linda Lilia Sánchez Mejorada, (God Bless You, Wherever you are) muy mona con sus ojazos azules y pelo largo y rubio, quien era mi crush de esos días ( y afortunadamente novia después, jejeje), recibiome con cariñoso quico en la mejilla y pidiendo que fuésemos a desayunar, como era nuestra costumbre, en la cafetería de la SEP en República de Argentina, en donde unos deliciosos huevos con jamón acompañados de café con leche y pan de dulce nos pondría en un contexto más ad hoc para platicar de amores y contarle las pestañas.

Ante ese escenario, rogaba por que las horas pasaran rápido y después de Lógica que acabó a las 9:30, el simpático profesor de cuyo nombre no puedo acordarme y a quien apodábamos Chabelo, nos dejó salir. Y desayunamos rico y  Lilia me dejó, por supuesto, contarle las pestañas. Juntábamos mesas y poníamos las charolas de la comida como improvisadas redes de mesas de ping-pong, que una pelota de esponja se encargaba de completar para aprovechar la hora libre con espontáneos torneos ante el alucine total del personal de Educación Pública que no paraba de regañarnos por el relajo y el desmadre que provocábamos, en la actualidad hasta los podríamos demandar, jajajaja.

Y en la grabadora Sanyo de la mayora Cristina sonaba en Radio Hits:

Tired of Toein´ The Line, Rocky Burnette

Francamente, todo iba de maravilla ese día. Lilia me pidió que la acompañara a tomar su camión- San Juanico Palma, ya eran Delfines– en la calle de Palma esquina con Donceles después de la clase de historia pues había prometido regresar pronto a casa ese lunes y yo decidí no regresar a la escuela con el Rafa, El Pato, Chucho, El Gilo y La Georgina quienes, junto con Blanquita y Rosalía ( la única madre soltera del grupo) formaban mi banda escolar, y quienes lamentablemente vivían muy lejos de mí (Balbuena, la Moctezuma, Aragón) como para haber creado lazos amistosos más sólidos. Decidí seguir caminando por Palma hasta la esquina de 16 de septiembre, en donde se ubicaba una tienda Woolworth, en donde vendían unas muy ricas galletitas y botanas (como en los Sanborn´s antiguos) decidí entrar a comprar unas y a echarle un ojo al departamento de discos como ya era una linda tradición, para hacer tiempo y echar la concha previo a regresar a casa.

En los anaqueles de discos sencillos me encontré una rola que me encantaba, al igual que la de Rocky Burnette y la de Angie Bee, que estaban en mis manos en ese momento. Escúchenla y me dicen que les parece:

Dreaming, Blondie

Me llamó la atención también que la linda niña del citado departamento (caramba; me estoy dando cuenta que tengo alguna debilidad por las chicas del departamento de discos, jajaja) estaba acomodando y etiquetando varios ejemplares del Double Fantasy de John Lennon, el cual era marca Gamma, lo que era muy sorpresivo para un servidor en aquel entonces, acostumbrado al sello Apple o EMI en dichas grabaciones. En algún momento dado entre hacerle genuina plática y una de esas ideas raras que te dan de extraer los discos de la tienda sin pagarlos, viví unos minutos de adrenalina intensa, palpitaciones y taquicardias.

Marcador al medio tiempo: Lilia dándome entrada, la chica del depa de discos muy modosita y amable, un servidor con 3 discos sencillos en su carpeta profesional de argollas (sin las molestas cámaras de seguridad, códigos de barras y demás chácharas para evitar el shoplifting; que piel tan delgada, jajaja…ni aguantan nada) y tragando grueso, más unas muy molestas ganas de hacer del dos producto de los naturales nervios. Para acabarla de amolar, que se me caen las pepitas que restaban por comer al suelo y yo ya todo enfermo, verdoso, pasando aceite en cantidades industriales y sudando tinta.

(Nota del autor: que quede muy claro, primera y última vez que hice tal cosa, la revoltura del estómago resultante no se la deseo a nadie)

Ya en el bus de regreso, con la carga física relajada en los servicios del mismo Woolworth y con todo el aplomo de Frank Abagnale Jr. en Atrápame Si Puedes al salir de la memorable tienda, recuerdo haber venido agotado físicamente y me quedé bien dormido, tanto, que casi me paso de la famosa parada de camión de la virgencita de Ceylán. Al llegar a casa no había cuates con quien echar un 21 de básquet, sin hambre y con un complejo de culpa grande como el Estadio Azteca decidí estrenar mis discos a no mucho volumen. El Miguelón me comentó que si íbamos a ver el Monday Night Football en canal 4, como todos los lunes. Le contesté que sí.

Con el estómago en su lugar y pasadas las 21:30, estábamos en medio de un partido sumamente intenso y bien jugado. Tanto David Woodley con Miami como Matt Cavanaugh con Patriots estaban siendo anulados por grandes defensivas en el estadio que entonces se llamaba Orange Bowl y, como resultado, el encuentro se había ido a tiempo extra con el marcador igualado a 13 puntos por equipo. Después de la primera patada de kickoff para el overtime, una tele menos hipócrita y más mercantilista nos invitaba a visitar el mundo Marlboro, citar lo que el viejo de apellido Vergel decía, y aprendíamos un neologismo más con base en que con Bacardí y Coca-Cola se agarraba la jarra.

Fui a mi recámara y en el radio National Panasonic modelo Klarin en la mesita de noche puse la alarma para despertar temprano al siguiente día, y lo encendí unos cuantos segundos antes de regresar al final del partido. Entonces, como una muy extraña coincidencia, sonó esta rola:

 (Just Like) Starting Over, John Lennon

De regreso a la sala pasé al refri por un helado y refrescante vasito de Coca –Cola (caray; por eso le decían la chispa de la vida), para sentarme a ver el ataque de los Patriots, cuando mi brother y yo nos quedamos helados y boquiabiertos al escuchar a Jorge Berry, quien esa noche transmitió junto con Fernando Von Rossum y Roberto Keoseyan, dar la nefasta noticia:

Sobra decir, amigos de ECB, que una noticia de esa índole te marea, y en vivo te impacta mucho más. En búsqueda de información en la radio, La Campeona 790 Radio Éxitos, La Pantera 590, Universal, Radio Hits y Estéreo 100 ya estaban en una especie de cadena, transmitiendo de forma desordenada boletines, telex y cualquier información que surgiera al amparo de este magnicidio, algunos incluso robándose de plano la señal de NBC Night News o CBS News para pasarla directamente. Si les soy muy sincero, era como si se hubiese muerto alguien de la familia o muy cercano, y estábamos conteniendo las lágrimas al ver la tele y escuchar esta canción. Aquí ya no aguanté más.

Watching the Wheels, John Lennon

Coda

Ese día aprendí algo sobre la vida, sobre su fragilidad y sobre el real significado de la muerte, que no había vivido hasta ese entonces. Fue un día triste triste, ese 9 de diciembre siguiente y lleno de reflexiones. Le dieron tres disparos a John, por ser alguien famoso. ¿Y si a mí me hubiera descubierto un policía volándome tres discos sencillos de Woolworth? ¿SI AL ECHARME A CORRER ME PEGAN TRES TIROS? Sobra decir que esa alarma sonó muchas veces pero no me levanté para ir a la escuela ¿con qué ganas? ¡Se había muerto John Lennon, carajo! ¡Día de duelo nacional! El noticiario Hoy Mismo repetía lo mismo desde la mañana, entrevistas- donde ví a un Macca totalmente abatido-, pedacitos de videos, opiniones de los gurús Beatle de aquellos días, intelectuales y villamelones, pero la nota de los chicos que se reunieron espontáneamente a cantar y poner veladoras en el Parque de los Venados, con sus discos originales de vinil, fotos, guitarras pintarrajeadas, ver sus caras desencajadas y llorosas como la mía es un recuerdo que aún me hace piantar un lagrimón.

Al año siguiente, 1981, tuve la fortuna de cambiarme de prepa a la nueve, aquí en Lindavista y todos los recuerdos de esa época se diluyeron, unos antes y otros más tarde. Conocí nuevos amigos, Lilia tuvo otros amigos, otros pretendientes y espero genuinamente que alguno de ellos la haya hecho muy feliz. Durante toda mi estancia en la UNAM, siempre dibujé un moño negro los 8 de diciembre, sobra decirlo. Y mi afición por The Beatles se vio potenciada de forma impresionante. En este año, por ahí de mi cumpleaños en febrero, se empezó a escuchar esta canción con la que hoy me despido, y que inevitablemente, me provoca tres o cuatro lágrimas fuertes, rasas y colocadas. Ahí se las dejo.

All Those Years Ago, George Harrison

“…vivir un día más es estar un día más cerca de tu muerte…”

Jorge Ibargüengoitia

2 Replies to “Una Muy Corta Historia Con Título Largo: De Como Un Adolescente de 15 Años Vivió La Muerte de John Lennon (This Is The End Of The Innocence)”

  1. Yo también me impacté con la noticia y recuerdo haber llorado mi hermanito . El hijo de perra que lo asesinó también nos privó a todos los que amamos a los Fab Four de su genio , talento artístico y creatividad quizá por muchos años mas . Fué un crimen múltiple que todavía nos duele. Un abrazo .

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