De desastres, de música y de silencios

 

“El amor por la música nos habita desde muy temprano: dentro del vientre de nuestra madre sentimos y percibimos con nuestro cuerpo las vibraciones del fluir de su sangre y sobre todo el latir del corazón. El apego por el audio es lo primero que desarrollamos mucho antes que el sentido de la vista. Siempre he pensado que por eso tal vez, la música nos atrapa con sus encantos y sus enigmas de modo tan contundente. No hay momento en la vida que no se acompañe con ella, desde el nacimiento hasta la muerte”.

 

Se supone que originalmente escribiría sobre un tema musical específico, pero no puedo. El planeta tierra tuvo una arritmia justo aquí, generando un gran sobresalto; nos tomó por sorpresa igual que hace treinta y dos años. Destrozos otra vez, marchas fúnebres repiqueteando de nuevo.

Muy nervioso recordé entonces que -en mis épocas universitarias- leí a un autor que definía el concepto de ritmo como “una recurrencia esperada”; nada más sabio y doloroso si aplicamos esta frase a nuestra gran ciudad.

De repente anónimos héroes en la calle juntándose otra vez, como si fueran notas musicales que nadie escribe, notas que se escriben solas, interpretan su propia melodía. Palas y picos generan un muro de sonido apabullante: texturas sonoras que presagian un dolor ya vivido. Se está repitiendo esa vieja canción; triste y dolorosa. Toneladas y toneladas, cuarenta edificios derrumbados.

Nos alcanza el silencio, que también es esperanza, para percibir si ahí adentro algún corazón sigue latiendo. Gracias a un avanzado equipo de sonido, localizan víctimas con vida. Todos emocionados cantamos nuestro himno.

Queremos escuchar más latidos bajo la pesada loza, pero ya son silentes. Suena la alarma sísmica de nuevo, un sonido que emula ondas y una voz seria nos advierte de otro cambio de ritmo. Aquí casi no se siente nada, el dolor y el temor se incrementan en Oaxaca y Chiapas.

De noche, la oscuridad es el reinado del silencio, similar a los espacios vacíos que habitan entre las canciones de un disco. Ni el Réquiem de Mozart, ni Pavana para una Infanta Difunta de Ravel, o la Marcha fúnebre de Chopin podrían acompasar las imágenes que estamos viviendo.

“El amor por la música es muy fuerte, cuando estás nervioso o triste, en tu mente repites un pedazo de canción para tranquilizarte.

Presiento que la impunidad y el no seguimiento de las reglas de construcción, en buena medida han iniciado esta danza macabra: la construcciones con permisos falsos y el uso de materiales más baratos que “quizás nadie notaría”….edificios viejos que quedaron “tocados” desde del sismo anterior…

Nuestra madre tierra en su danza perpetua trata de decirnos algo…. pero no la escuchamos, como tampoco escuchamos a aquellos que pudieron haber denunciado la edificación de esa trampa mortal donde estaban los chicos, y que no lo hicieron…porque les taparon la boca con billetes.

Y terminé de escribir.

Dedicado a los niños que ya no están y ahora son silencio.

 

 

Imagen Getty Images.
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