No sólo beatles

Tras la huella del corrido (parte 2)

Difusión

¿Cómo fue que los corridos llegaron a todas partes y lograron superar al olvido? Anteriormente dijimos que durante la época novohispana hubo brotes y antecedentes del corrido, como las coplas.  También concretamos que la tradición oral es fundamental, pero no dijimos el por qué.  La razón es sencilla: la oralidad era el único medio de difusión, puesto que muchos no sabían leer y acceder a un medio impreso era tan difícil como fabricarlo y difundirlo.

No obstante, estas dificultades fueron vencidas. Antonio Venegas Arroyo funda en 1882 una imprenta popular, lo cual permite la impresión de  las composiciones que además eran ilustradas por José Guadalupe Posada[1].  Las composiciones, al igual que su difusión, implicaban una velocidad considerable, puesto que se hacían al ritmo de los sucesos.

Si bien es cierto que muchas de estas composiciones eran impresas en hojas volantes, algunas vendidas a cinco centavos, la realidad es que la mayoría de la gente que estaba interesada en el contenido de los folletos, era analfabetas. Sin embargo, esto no necesariamente significaba que a las personas no les interesaban los sucesos que ocurrían en su pueblo, en la ciudad o en cualquier otro estado de la república.  Hay que decir, que la curiosidad de la gente no solamente se limitaba a los hechos políticos, también quería enterarse de la historia del hijo desobediente, de la muerte del torero, del descarrilamiento del tren de Ciudad Juárez o de la infidelidad que hizo una mujer a su esposo.

Los músicos o trovadores adquirían estos volantes o componían sus propias piezas y las interpretaban; muchos que no sabían leer, pero eran buenos con los instrumentos, confiaban en su memoria y versionaban a su manera lo que escuchaban.  Puesto que ser analfabeta no era una limitación para ser corridista; ellos llegaban a aprenderse hasta 300 corridos.  Eso podría explicar por qué a veces nos encontramos con un corrido que tiene los mismos versos que otro, pero en un orden distinto o, incluso, con una palabra sustituida por otra.  A pesar de esto la esencia o el asunto del cual trataba el corrido siempre se conservaba.

El corridista andaba de  un lugar  a otro y narraba historias de las que pudo haber sido testigo, o se enteró mediante alguien o bien, porque leyó el encabezado de algún diario que circulaba por aquel entonces.  La gente también participaba pidiéndoles: “¡el corrido de Benito Canales!” “¡el de Miguel Negrete!”[2]

Los corridistas, incluso, vieron en la interpretación de las composiciones una forma de obtener una remuneración económica. También había otros  a los que era frecuente ver en las ferias del pueblo, que cantaban sin pedir nada a cambio.  Muchas veces competían entre ellos y dichos encuentros podían prolongarse durante varios días.[3]

Los autores, en su mayoría, son anónimos; sin embargo, se cuenta con algunos nombres, por ejemplo Marciano Silva, que es uno de los más reconocidos.  Él cultivó el género de “la bola”, del cual me ocuparé en el apartado correspondiente.

Musicalidad:

La difusión fue posible por la musicalidad; la trasmisión no era simplemente narrada como si se tratara de una oratoria o de alguien recitando las noticias sin ritmo y sin encanto. Hay que entender que el corrido se canta, no por nada también le llaman trovadores a los intérpretes.

La música es el complemento fundamental del corrido, el otro es la letra. El primero es tan importante como el segundo, y aunque “Los corridos carecen de una estructura musical fija [] los intérpretes suelen cantarlos adoptando las melodías que mejor les acomoden”[4], porque de otro modo, su difusión hubiera sido difícil o no hubiera tendido éxito.

Vicente T. Mendoza dice que los corridos “son frases simples de cuatro miembros de ocho sonidos esenciales cada uno, mas también las hay de seis miembros por repetición, dobles frases y aun formas más desarrolladas con estribillos e irregularidades.”[5]

Sin embargo, aunque es verdad que hay muchas “irregularidades” en el corrido, lo cual hace un poco indefinible su estructura, se puede establecer un orden musical apelando a términos generales, y no a las variantes musicales surgidas de éste; aunque de cierta manera siempre van a tener, variantes y generalidades, un vínculo a veces casi imperceptible.

La Cucaracha[6] :

Para ahondar en la evolución de una pieza, en cuanto a contenido, tomaré como ejemplo “La cucaracha”, que es seguramente la canción más conocida y difundida.

Se dice que durante la lucha carlista en España era cantada “La cucaracha”, pero no de la manera en que la conocemos ahora, al menos en cuanto a la letra, porque la música es la misma.

La letra fue modificada según los sucesos, perspectivas, inclinaciones y sentimientos del corridista.  “La Cucaracha”, melódicamente, también cobra fuerza durante la época revolucionaria y su contenido se apega a este evento.

Es interesante el ejemplo que María y Campos proporciona, cuyo modelo es Porfirio Díaz.  En principio revela la manera en que el pueblo siente y pone su fe en el héroe, lo hace exaltando sus hazañas, las cuales se muestran a favor de una ideología popular.

Un típico ejemplo de una situación semejante es “Catarino Maravillas”, quien lucha a lado de Madero, pero al no obtener lo que deseaba se une a otros caudillos, así irá de un ejército a otro hasta darse cuenta de que con ninguno hay solución y mucho menos esperanzas: Es un corrido  que bien remarca a un pueblo desesperanzado, pero también el resurgir de los ánimos cuando un caudillo sobresale.

Una vez dicho lo anterior,  entenderemos por qué durante la Revolución, época del esplendor del corrido, nacen muchas “Cucarachas”, todas con un tono burlesco; al mismo tiempo que se mofaban de un hombre, exaltaban a otro.

“La Cucaracha” llega a nosotros, probablemente ya no con un marcado  contenido revolucionario, pero sí con distintas variantes.  Es decir, no todos conocen la misma versión, y en ese sentido creo que no podría hablarse de una “Cucaracha original”, sino de una “Cucaracha” que fue más difundida o que se impuso sobre otras.


 

[1] Catherine Héau. “El corrido y la bola suriana: el canto popular como arma ideológica y de identidad” en Estudios sobre las culturas contemporáneas.  p. 104

[2] Con  base en los textos de María de Campos y Catherine Héauh, citados en la bibliografía.

[3] A veces sus “reuniones” terminaba en cantinas al ritmo de balazos.

[4] Catherine Héau. “El corrido y la bola suriana: el canto popular como arma ideológica y de identidad” en Estudios sobre las culturas contemporáneas.  p 100

[5] Vicente T. Mendoza.  El corrido mexicano.  p.XLIII

[6]Armando María y Campos La Revolución Mexicana a través de los corridos populares.

México: Biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución   Mexicana. 1962

 

Aketzaly Moreno

Aketzaly Moreno (Ciudad de México, 1992) Es egresada de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Poeta espiritista, médium de la literatura y amante de Stravinsky. Ha publicado breves comentarios en torno a la poesía en la revista La llama azul. Aparece en la antología Historias de sexo, conspiración y muerte (Ediciones Texto e Imagen, 2017). Realiza espectáculos escénicos para acercar la música y la poesía a los niños.

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