Paul McCartney The Beatles

Tormento macartniano

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Nuestro talento

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    El inicio

    Paul es un muchacho con un talento natural para la música, alentado por su padre, pero él ha preferido aprendido a tocar de oído, así que a los quice años obtiene una guitarra acústica y compone sus primeras canciones. Conoce a un chico interesante llamado John, quien lo invita a formar parte de su banda de skiffle y rock and roll. Es lo que necesita para volcar su creatividad desbordante. No le importa que Johnnie brille más que él, pues sabe que contribuirá a armar una banda que impactará con su energía.

    La Banda

    La Banda funciona muy bien. Era de esperarse. Él y John están consolidándose como una mancuerna de compositores excepcionales. Le ha enseñado a su amigo varios trucos y secretos musicales, así como infinidad de acordes que ni siquiera sabía que existían, y con Georgie apoyándoles con su firme guitarra y el buen Ringo en la batería, no cabe duda que van en ascenso.

    Los ídolos

    Ahora, ya son importantes. Paulie sabe que el público admira la creatividad de ambos. Tiene toneladas de ideas bajo la manga. John también. Y ambos sienten que tanta gira les está poniendo la bota en el cuello de su inventiva. Sabe que su camarada compositor lo mira con cierto recelo, pero Paul sabe que él lo hace por el bien de la banda. Experimentan en estudio. Deben demostrar a la gente que ellos son más que muchachitos rocanroleros, que son músicos de verdad. Aunque John no ayuda mucho con sus declaraciones y sus excentricidades. La gente puede darles la espalda. Aunque Paul confía que puede manejarlo. Su amigo es un hueso difícil de roer, y no debe perder de vista el objetivo principal: hacer a la banda la mejor de todas.

    Ya tienen a América y el mundo en la bolsa. Ahora, Paul comienza a emerger como la nueva fuerza creativa del grupo, el arreglista, el productor, el director musical de La Banda, ante la aparente dejadez de John.

    Tormento

    La situación se pone un poco tensa. Su manager e impulsor, el buen Brian, ha muerto inesperadamente. John y los demás parecen no entender que La Banda es un sólido negocio que no pueden dejar de lado. Hay que tomar las riendas y consolidar muy bien los siguientes proyectos creativos.

    Pero su compañero está insanamente interesado en la japonesa que conoció y quien parece estarle absorbiendo la atención. John, enfócate. Debemos seguir escribiendo, creando, innovando. La Banda debe continuar arrasando.

    Mmm, ahora John está introduciendo a su novia al estudio, y la quiere hacer partícipe del proceso creativo. No es bueno. “La Banda somos nosotros”. Yo también tengo a mi chica pero no por eso la tengo aquí entre nosotros para intervenir en todo.

    Tampoco es bueno que la gente crea que todas estas canciones que se le ocurren son ideas de ambos. John tiene su inquietud expresiva, Paul tiene la suya. La música es un arte para él, es un vehículo para contar historias, un escaparate creativo, no para gritarle al mundo lo que sientes por dentro. Maldita la hora en que convinieron firmar en pareja. Ya no le está gustando el rumbo que John está tomando. Está abandonándoles en espíritu. Las canciones que éste escribe son sus emociones, sus lamentos, sus introspecciones. Paul quiere que sigan siendo La Banda, aunque por dentro se sientan como corazones solitarios. Debe ser más que un sargento, un capitán, o coronel o general.

    “Debo tomar las riendas. Si no lo hago yo, quién”.

    La división

    Ya no se puede. Oficialmente, Paul anuncia que deja La Banda. En verdad quiso mantenerla, pero la tensión ya no se soporta. Es más sano para todos. John ya no quiere, él desea hacer cosas que ya no embonan con el concepto original. Deben hacer más rock, ellos están llevándolo a nuevas dimensiones. Pero no lo entiende o no lo desea. Parece que su amigo lo odia.

    George está insufrible por todas las composiciones contenidas y que ellos a duras penas le han permitido sacar a la luz. Ringo está en piloto automático, por lo que ellos no serán problema alguno. John es el único que se sentirá mal por su decisión, pero es necesario.

    Están en condiciones de soportarlo. Pero ahora, habrá que demostrar cada uno su talento individual.

    Deberá comenzar de ceros.

    Incluso cuando hay quien cree que él, Paul, en realidad está muerto, y él, Paul, es solamente un sustituto.

    El nuevo camino

    Paul sabe que debe trabajar duro. Deben demostrarlo, y sabe que llevan ventaja; después de todo tienen un público cautivo, una legión de adoradores.

    Al principio no es fácil. A veces la crítica lo destroza, a veces lo consiente. Él sabe que le debe al público lo que quiere obtener. Coloca algunos éxitos en las listas, enmedio de los ataques de John. Bueno, somos como adolescentes peleando, pero ¿enemigos? Le sigue el juego. Lo que él sí se toma en serio es el querer destacar con la nueva banda que ha armado. Ahora sí, es suya, por lo tanto su adorada mujer puede participar sin que haya recriminaciones.

    Paul confía en su talento. Desea que a John le vaya bien, igual que a George y a Ringo. Pero a John le da por el activismo y se mete en camisa de once varas. George no ha sido tan afortunado, pero ahí la lleva, y Ringo sigue en piloto automático, muy quitado de la pena. Con gusto le echa la mano al buen Richard.

    Paul y su mujer hacen algunos intentos de acercamiento con John y su pareja, pero finalmente se da cuenta que no son completamente bien recibidos.

    Los setenta no le han tratado tan mal, y logra recuperar su prestigio.

    El golpe

    Tal parece que los cambios de década son significativos. Le alegra ver que John se decidió a volver a grabar. Parece estar sentando cabeza.

    Y una tragedia ocurre. Un psicópata asesina a John. Esto cambia todo. Sabe que no había posibilidad de que se reunieran de nuevo pero ¿John muerto? ¿Su amigo de la adolescencia? El mundo está muy mal. ¿Podría pasarle a él?

    No se permite el lujo de alegrarse por librarse de su único competidor. Él no es así de mezquino. En realidad, lo llora.

    Los tormentos

    Ahora el muchachito moreno de voz atiplada que es un hit en el mundo del pop le invita a colaborar. Es natural. Todos quieren colaborar con él. Pero Paul ingenuamente le sugiere entrarle al mundo del music publishing, y cuando se da cuenta ya le ganó el brinco. Ha comprado todo el catálogo de La Banda.

    Y sus canciones en ella, que tanto éxito siguen teniendo, siguen firmadas por John (en primer lugar) y él. Y encima, debe pagar derechos por interpretarlas en vivo.

    Paul sigue cosechando éxitos y vendiendo discos, pero la gente sigue aclamando las de la banda.

    Su adorada mujer muere. Su gran pérdida. La llora tanto como a su viejo amigo.

    Pero el mundo ha ascendido a su viejo amigo al pedestal máximo del gran genio musical de todos los tiempos. Es injusto.

    En los albores del nuevo siglo, muere el gran George. Lo lamenta también. Es una lástima que no pudo ayudarle más.

    Ahora se junta con una mujer que al final no resultó lo que esperaba, y la separación resulta una catástrofe.

    La recta final

    Paul no se rinde. Sigue grabando discos y saliendo de giras. Reconoce que, aparte de crear, siempre le han gustado los aplausos, los gritos, la gente frenética coreando sus canciones, los reflectores, el estrellato. Son su néctar divino y su único vicio verdadero.

    Aunque la música ya no sea lo que era en sus tiempos, en pleno siglo XXI. Sin embargo, la vida lo ha puesto en una situación privilegiada. No importando lo que ocurra en el mundo musical, cuántos grupillos que se comparen con La Banda emerjan, cuántos cantantes y raperos se autoproclamen los mayores genios, él sigue siendo Paul y La Banda sigue siendo LA BANDA, con mayúsculas.

    Por fin, recupera los derechos de su música. Y tiene el reconocimiento que desde joven anheló. Tiene a una mujer tan buena como su linda mujer. Es galardonado por múltiples instancias y el público le sigue aclamando en vivo.

    ¿Qué es lo que todavía atormenta a Paul?

    “Ya no soy joven. Mi voz se pierde, pero algo dentro de mí me impulsa a seguir componiendo. Los años en la banda parecen ahora un sueño lejano. Parte de mis composiciones siguen atribuyéndose a John, y muchos creen que él es mejor músico y artista que yo. Muchos todavía creen que soy mi propio impostor. ¡Vaya, pero eso tiene fácil solución!

    “Juro que no morí. Y que aún no he muerto. Y que esta gira, tampoco es la última.”

    Libre interpretación del periplo emocional del aludido a lo largo de su carrera, con dudosa pero honesta objetividad, sin intención de confrontar talentos o cuestionar méritos. Tómese con la cabeza fría y las vísceras dormidas, exceptuando mente y corazón.

    Julius Hernández

    Escritor, creativo, conocedor de música, video, cine y literatura (no especialista de nada pero entusiasta de todo), aparte de tecnología y videojuegos. Los Beatles fueron su primera gran educación musical, aunque ahora es abarrotero.

    Autor de la novela “El Pecado del Mundo”, disponible en Amazon:
    https://www.amazon.com/dp/B01MYMA2OL/

    Sitio web: http://juliushernandez.mx

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