¿Te imaginas ser un Beatle durante 13 días?

La historia de una batería que se convirtió en calabaza

(Una historia real con fragmentos reinterpretados).

Actualmente tiene 78 años. Alguna vez se escondió en México, un lugar muy alejado de las brumosas estampas de su natal Londres. Todos estos años no ha digerido su gloria efímera que, como cincel, le ha repiqueteado en la cabeza constantemente. Las mujeres nunca lo habían mirado de ese modo, ni habían gritado frenéticas al verlo pasar, ni mucho menos habían tratado de tocarle. Champaña, firma de autógrafos y primeras planas han quedado atrás…ahora solo el olvido y, esos recortes de periódico que se han tornado amarillentos, son los únicos testigos de un fallido cuento de hadas.

Los Beatles, 1964; gira en puerta, localidades agotadas: Dinamarca, Holanda, Hong Kong, Australia y al final, Nueva Zelanda. Ringo Star de repente cae enfermo de tonsilitis, (mejor conocida como amigdalitis); los doctores lo revisan y se decide que NO puede viajar. The show must go on. Es cuando mandan llamar a Jimmie Nicol, hábil baterista quien encarnaría así su propia versión de un cuento de hadas.

Jimmie Nicol ya había tocado en varios grupos, uno de ellos de jazz. Cierto día terminaba de comer cuando el repiquetear del teléfono cambió su vida: era George Martin. ¡Su estrella brillaba desde lo más alto! Sustituiría a Ringo en la gira. Qué bueno que Jimmie había tocado en un grupo versionando la música de los Beatles…gracias a eso y a sus habilidades lo habían elegido. Su corazón retumbó produciendo un gran redoble de tambor.

A pesar de la reticencia de Harrison (si-no-va-mi-amigo-que-está enfermito,-yo-no-voy-tampoco), el avión despegó a tiempo y con buen clima llevando a tres beatles y a un repuesto.

 

Le cortaron el cabello y lo enfundaron en el traje de Ringo, que por lo demás le apretaba y le quedaba de “brincacharcos”; “qué importa, mientras tengas una copa de champaña en la mano y las musas te aclamen,” pensó animado. Jimmie aprendió rápido que la vida se ve diferente desde una limusina, y más cuando afuera de ella, hermosas mujeres jóvenes lo seguían tratando de robar un poquito de él.

Vio Copenhage hermoso, pero más hermoso le pareció cuando pasó la noche en un burdel con Lennon como compañero de juerga.

 

 

En total Jimmie participó en ocho conciertos, participó en entrevistas, salió en los periódicos, la televisión y fue ampliamente ovacionado. Para el concierto en Australia, Ringo se reincorporaría con el Fab Four. Una noche antes, Jimmie se levantó muy temprano, cerró sigilosamente la puerta de su recámara cuidando no despertar a los tres Beatles que dormían exhaustos…partía así tristemente al aeropuerto: era un viaje sin retorno.

 

En Melbourne, Brian Epstein lo esperaba con un cheque de quinientas libras y un reloj Eterna-Matic de oro con un mensaje grabado de aprecio y gratitud de los Beatles. (Se dice que esa cantidad fue una prima y que ya le habían pagado cierta cantidad por concierto).

Jimmie miró su reloj Eterna-Matic; dieron las 12 de la noche y su instrumento de percusión se transformó en una gran calabaza. Sus ropas ya no eran el traje sin cuello diseñado por Pierre Cardin. Volaba ya de regreso a Londres. Jimmie reorganizó varias bandas pero nunca alcanzó el éxito, ni con The Spotnicks. Bancarrota y problemas personales fueron como dos hermanastras que lo acompañaron hasta que no pudo más y renunció al mundo de la música. El exbeatle recibió un cofre lleno de misivas perfumadas de varias princesas australianas, quienes quedaron presas de sus encantos. Se dice que estuvo en México tocando con un grupo de bossa-nova. No alcanzó el anhelado éxito para cerrar con final feliz su singular historia.

 

El efímero Beatle llegó a afirmar que su experiencia fue lo peor que le pudo haber sucedido en la vida. Su existencia ya no fue la misma ni tampoco fue fácil vivir con comparaciones. Se casó, se divorció y se dedicó al rubro de la construcción. Desde entonces ha permanecido en silencio.

 

Qué irónico: tiempo después e inundado por problemas económicos, recibió por mensajería -y como golpe diferido-, una maleta con quinientas cartas de admiradoras que dejó alborotadas durante su gira efímera. Se dice que se dio el tiempo necesario para contestar, uno por uno cada mensaje como lo hacen las grandes estrellas… de esas que se apagan, que se consumen, pero que su luz de manera tardía viaja en la oscuridad del espacio hasta llegar a un par de brillantes ojos ilusionados.

 

 

 

 

 

P.D. Se prepara ya una película con la extraordinaria vida del percusionista.

El hijo de Roy Orbison ya adquirió los derechos y como título tentativo lleva: The Beatle Who Vanished.

 

 

Foto más reciente de Jimmie,

circa 2005.

Soy apasionado de la creatividad y el diseño. Me encanta leer, cocinar, pintar y escuchar música, sobre todo jazz; pero disfruto mucho la música del cuarteto de Liverpool, la cual siempre me ha acompañado.

2 comentarios
    • Maucastle
      Maucastle says:

      Jaime, gracias por visitar nuestro sitio y gracias por tu comentario. Tendremos más información interesante y de muchos temas para lectores interesados, como tú. Recibe un cordial abrazo de todos los integrantes de ECB.

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