Seis Cartoons Que Llenaron de Música Nuestras Vidas, Vol.1

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“…eso no, lo de la fuente no….!

de la caricatura It’s Hummer Time, 1951, Warner Bros.

 

Los adultos que ahora somos, que pertenecemos a la mentada generación X (nacidos entre los años 1960-1980, más o menos), estamos sintiendo cada vez más la necesidad de expresar y decir muchas cosas que nos traemos guardadas, pues uno de los temas más recurrentes –al menos en mi experiencia- en reuniones, pachangas y briagas en confianza con nuestros coetáneos, es hablar sobre algunos oscuros placeres-no sean mal pensados, ¡eh!-, entre ellos la música que no presumimos habitualmente de que nos guste, y sobre todo hablar y recordar los cartoons (caricaturas, comiquitas, para los amigos que nos leen en Sudamérica) que formaron parte de nuestra existencia infantil y que nos dejaron huella indeleble, sobre todo en algunas frases que se han vuelto parte de nuestra habla cotidiana.

Para todos aquellos que vimos caricaturas en la TV desde 1968 y hasta 1977-1978 con regularidad, podemos listar entre un par de cientos de títulos favoritos desde los más famosos y recurrentes Los Picapiedra, Don Gato y su Pandilla, Los Supersónicos y toda la camada Hanna-Barbera en general, Tom & Jerry y el Pájaro Loco, hasta los medianamente populares como Ahí Viene Cascarrabias, La Pantera Rosa, Sailor Moon Y Heidi para las niñas, y sin faltar los obscurones como Marino y la Patrulla Oceánica, Los Autos Locos, Fantasmagórico, Sombrita y El Hombre Par, por mencionar muy pocos, la verdad.

Capítulo aparte merecen los papás de todos los Cartoons del mundo mundial, sin duda los Looney Tunes y Merrie Melodies, aquí en México conocidas con el peculiar nombre de “Fantasías animadas de ayer y hoy” (que más bien debiera llamarse de antier y de la semana pasada, jajaja) y que engalanan las pantallas de TV mexicanas desde 1967 más o menos; aunque su debut oficial fue en 1930 y fueron producidas hasta 1969, todavía incluso los niños de la década de los 90’s las identificaron como suyas y de su generación. Pequeñas obras maestras intemporales que se volvieron clásicos, y que cincuentones y sesentones-y muchos jovencitos también- seguimos disfrutando como cuando los vimos por primera vez.

Aunque el primer dibujo animado se produjo en Francia as early as 1908, llamado Fantasmagorie, con un payaso y un caballero como sus estrellas, los felinos Krazy Kat y Felix The Cat  también fueron producidos como amenidades animadas para algunas producciones de cine desde 1916-1922, sin mucha relevancia. El año 1927 trae a la pantalla el tan famoso Steamboat Willie, que es importante por tres temas; es el debut oficial de Mickey Mouse en su formato y diseño oficial, coordina sonido con imagen de forma coherente, y determina la temática musical de muchos de los cartoons de los siguientes años por venir.

La Vitaphone Co., empresa editora de música, se asocia con el estudio cinematográfico de los hermanos Warner en Burbank, CA. en ese mismo 1927, para producir uno de los grandes adelantos tecnológicos de la era: la primer Talkie o película hablada, con sonido sincronizado y pregrabado en la cinta, la mítica The Jazz Singer, con Al Jolson como estrella. De igual manera la Vitaphone aportó un catálogo de música escrita muy considerable como parte de la sociedad, para poder vender las partituras al público- que en ese entonces era un negocio saneado; en los hogares gringos, había pianos y otros instrumentos musicales, y se acostumbraba consumir sheet music– que iba al cine a ver películas musicalizadas por esas canciones; con ello lograban ingresos adicionales que, en la época de la gran depresión, eran bastante apreciados.

En 1929, los animadores Hugh Harman y Rudolph Ising proponen al estudio la realización de una serie de cortos animados, de una duración aproximada de seis a siete minutos, para promocionar las canciones de la Vitaphone, como amenidad antes de las películas talkies, incluyendo tres a cuatro canciones por corto, e incluso nombrando al cartoon como la canción principal; ese es el origen de las series llamadas Looney Tunes (1930) y Merrie Melodies (1931) hay que mencionar que tanto Disney como MGM, desarrollaron por su cuenta y con más recursos, como el Technicolor, la misma idea, con los nombres seriales de Silly Symphonies y Happy Harmonies respectivamente.

Para concatenar la idea musical de El Círculo Beatle con las caricaturas, les reseñaré algunos ejemplos que a mi humilde opinión son auténticas obras maestras de menos de siete minutos, y que dejaron alguna huella importante en el gusto musical de un servidor, ojalá les gusten y les traigan gratos recuerdos. Music, Music, Music in cartoons!

 

Minnie the Moocher, 1932 Max Fleischer

 Este polémico productor pionero de Cartoons, creó controversia en los años veintes por su estilo disruptivo e innovador, que hace que su trabajo se vea muy adelantado al de sus pares en esos años; originario de Cracovia, Polonia, establece sus estudios de animación en 1919, contando ya con experiencia cinematográfica, e inventando desde 1917 una técnica muy novedosa para cartoons en ese entonces: el Rotoscopio, muy utilizado en su serie Talkartoons.

Fleischer tiene un lugar garantizado en el salón de la fama de los cartoons, por sus muchos logros, entre los más relevantes: La creación de Betty Boop, legendario personaje de caricaturas, así como de Koko el payaso; la primera sincronización de sonido e imagen, en conjunto con Lee De Forest; la idea de la percepción distorsionada de la realidad, que algunos autores relacionan con el uso de psicotrópicos; la invención del rotógrafo, que permite combinar dibujos animados con acción en vivo; así como el desarrollo de los personajes Popeye the Sailor Man, al cual dibujó desde 1930 hasta 1947, y las primeras aventuras animadas del Hombre de Acero Superman, en 1941 para los Paramount Studios.

En este cartoon podemos ver que Betty Boop es reprendida por sus padres por querer dedicarse a la vergonzosa ocupación de cantante, con todo el drama que hemos visto de los padres judíos en películas como The Jazz Singer, por ejemplo. Ella les escribe una cartita muy triste, donde les explica que she´s leaving home por la rudeza de su papá; le llama por teléfono a su eterno enamorado Bimbo (que bien a bien no logro determinar que animalito es, con todas las implicaciones, jajaja), salen de la ciudad y se internan en una cueva por accidente. Vaya susto que se llevan cuando de la nada aparece una morsa (¡!)que junto con otras apariciones perversas y verdaderamente aterrorizantes, le empieza a cantar la canción que da título al cartoon, a la manera inconfundible y genial de Cab Calloway.

Sobra decir que ambos regresan despavoridos a casa, para jurar portarse bien y no andar por ahí de faranduleros. Por cierto: Minnie The Moocher fue una de las canciones más famosas del año 1930, y este cartoon nos revela un estilo gráfico y argumental pre- sicodélico, tan temprano como 1932. Una maravilla.

 Katnip Kollege, 1938, Ben Hardaway & Cal Dalton, 1938, Warner Bros.

 Mil disculpas de antemano por la subida a YouTube tan de mala calidad, pero en mi defensa, debo alegar que es la única forma de poder disfrutar de éste clásico animado en su versión completa. El cartoon en cuestión incorpora dos elementos trascendentes para entender los tiempos posteriores con más claridad, el elemento juvenil y su reacción hacia la música de moda de ese entonces, que era el Swing, así como la definición de estereotipos de personalidad entre la juventud, donde es fácil reconocer a chicos bien y mal portados, la lideresa listilla Kitty en la gatita cantante, y el nerd que sorprende a todos en el salón de clases cuando, de no tener absoluta idea de la moda imperante se vuelve una grata revelación como crooner, conquistando a la coqueta felina con la voz original de Johnny Scat Davis.

Referencias a algunas personalidades musicales de la época, como el director de orquesta Kay Kayser, hoy totalmente olvidado, así como mucho jive y ambiente escolar en la clase de Swingology; aunque talentosos directores de cartoons como Walter Lantz (The King of Polaroo, 1940) de la Universal o el mismo Tex Avery de Warner (Page Miss Glory, 1936) ya incorporaban música de moda en sus films, sin duda alguna éste es el que inicia formalmente esta tendencia en los cortometrajes animados. Harto disfrutable muestra musical de otros abuelos fundadores del fenómeno Merrie Melodies, quienes al año siguiente abandonarían la Warner de Leon Schlesinger, se mudarían a la MGM, y que crearían en la Universal Studios en 1940 a uno de los personajes más entrañables de todos los tiempos: Woody Woodpecker. Serían también ellos quienes en 1938 sentarían las bases del perfil del multiaclamado Bugs Bunny en Porky´s Hare Hunt, con un conejito blanco de cabeza ovoidal que tenía una risa sospechosamente parecida a la del Pájaro Loco.

 

 All the Cats Join’ In, 1946, Walt Disney

 Uno de los grandes mitos de la historia universal contemporánea, es la creencia de que el adolescente mundial promedio, hasta la llegada del fenómeno del Rock and Roll, era como un cero a la izquierda, no tenía voz ni voto, ni tampoco figuraba en el panorama mercadológico como un target a alcanzar; si bien es cierto que dicha participación no estaba tan desarrollada como en los tiempos recientes, la historia documenta en formas tanto visual como escrita los fenómenos de Judy Garland, Bing Crosby y sobre todo blue eyes Frank Sinatra, (y su legión de fanáticas que ya se desmayaban y gritaban frenéticas en sus shows, mucho, pero mucho antes de Elvis y el Rock) como teen idols prototípicos, con ventas de discos en buenas cifras, y con todas las características de fenómenos mediáticos.

Una de las modas musicales que involucró a los jóvenes de 12 a 20 años, y que en ese entonces no estaban clasificados como teenagers, fue la moda del Swing, la cual podemos ubicar en los años comprendidos de 1934 y hasta entrados los cincuentas, aunque la popularidad del Be-Bop como subgénero musical del Jazz le restó mucha presencia tan temprano como 1945, volviéndose rápidamente parte del catálogo musical standard en Norteamérica. El Swing era el justo medio entre el Jazz negro de New Orleans y Chicago- siempre mal visto por el maldito racismo- y la música blanca standard, a veces pasiva en exceso; música rítmica blanca, panacea de ventas para el mercado musical mundial.

Aunque la moda del Swing iba ya en franca decadencia para el año de producción de este cartoon, le pareció a Benny Goodman una excelente idea musicalizar uno de sus más recientes hits de las listas de popularidad, en combinación con Walt Disney Animation Studios, como parte de una revista musical animada, compuesta originalmente de 8 cortos de 7 minutos cada uno bajo el evocativo nombre de Make Mine Music (Música Maestro, en México y América Latina), en donde se muestra un pasaje idílico de la despreocupada vida juvenil – ya con Malt Shops, Jukeboxes, Hot-Rods y varios íconos visuales más asociados con la parafernalia del Rock-   que llevaban los chavos de aquel entonces; según algunos comentarios de Joel Withburn, prestigiado autor de Billboard Books, se muestran hasta 22 (¡!) pasos de baile de distintos géneros, tales como el Brooklyn Bop y el Lindy Hop , algunos fueron adaptados después para usarse al bailar Rock And Roll.

Como comentario personal, considero esta maravilla de 7 minutos como el cartoon más lleno de Hip, Jive, Dig y todos los modismos de aquellos años que representan lo último de la moda. Mi segundo cartoon favorito de todos los tiempos.

 

Three Little Bops, 1957 Friz Freleng, Warner Bros.

 “Y volvió/ a pasar/ de un soplido tiró el lugar”

 Ahora les platicaré de mi caricatura más consentida y querida all-time, y quisiera hacerlo desde un punto de vista objetivo, pero como no puedo, me permito transcribir lo dicho por Jesús Quintero, a través del blog Textos A La Deriva del prestigiado José Emilio Pacheco, a quien saludo con gusto y cariño. Antes de tal transcripción, aporto los datos que comenté en la publicación original de Facebook:

Esta Merrie Melodie se estrenó en cines la Noche de Reyes de 1957, teniendo en la voz del doblaje mexicano al talentosísimo Juan José Hurtado Polo, que aportó voces inolvidables en un montón de trabajos de aquellos estudios de doblaje CINSA. Entre sus trabajos más notables, junto con éste, dobló en la época de oro a Bugs Bunny, Porky y a Moe en los Tres Chiflados, labor realizada en 1968-1972.

 “y un gran letrero, ahí en la puerta, decía muy claro que el lobo no entra”.

Ahora sí la transcripción, jejejeje…:

[Sábado de matinée]
“LOS TRES CERDITOS JAZZISTAS

Por Jesús Quintero

[El administrador de esta página desea celebrar la presencia del otoño, con su sol tibio y aire frío, compartiendo una de sus caricaturas favoritas y ofreciendo un pequeño texto sobre ella. Si en su momento vieron ustedes ‘El festival de Porky’ estarán de acuerdo en que ‘Three little bops’ es uno de los dibujos animados con mejor swing. Disfrútenla de nueva cuenta sin levantarse de la cama.]

Un santo y seña forjado con interminables sesiones frente al televisor cuando éste no era visto como la nana más peligrosa del mundo occidental, dice: “¿Quién es nuestro estupendo actor? / ¿Quién nos hace gozar?…”

Además de enseñarnos que ganarse por radio un pato negro “que hace cua-cuá” no era recomendable y de que los productos Acme llegaban rápido por correo —aunque su calidad siempre será dudosa—, ‘El Festival de Porky’ nos dio a muchos entonces infantes las primeras nociones de cool jazz con ‘Three Little Bops’, una brillante paráfrasis de “Los tres cerditos y el lobo feroz” en la que los puercos hermanos eran miembros de un combo musical que dadas sus altas exigencias no abría sus filas para que un lobo con trompeta y poco talento se integrara.

Humillado por el trío —compuesto por batería, guitarra y piano— y por el público, al lobo no le quedaba sino soplar y soplar a través de su instrumento para derrumbar primero el club erigido con paja, luego el construido con madera y por último descubrir que el de ladrillos era inexpugnable.

El relato tenía un narrador y necesario es apuntar que la versión doblada en español era espléndida en su forma y contenido. Con chacota y un fraseo sensacional, se aderezaban las escenas con memorables versos como éstos: “Y poco antes de lo que les cuento/ tenían una casa de puro cemento./ Y un gran letrero allí en la puerta,/ decía muy claro que el lobo no entra. (…) El lobo feroz desapareció/ y en su lugar una gran mancha quedó./ Se le buscó en todo lugar/ pero al infierno fue a parar”.

Y es que desesperado ante tanto rechazo tras intentar colarse al exclusivo club con un ukulele, disfrazado en una maceta y como percusionista colegial con bombo, el lobo decide volar el sitio con un gran cartucho de dinamita. Por supuesto, se malogra su propósito, acabando su existencia en un caldero y convertido (¡hélas!) en el excelente trompetista que en vida no pudo ser. Pero como se trata de que el final feliz cobije a todos, el espíritu del antes frustrado asciende al escenario y se une al trío, que incluso cambia su nombre a “Los Tres Cerditos y Uno”.

Aunque inocente en apariencia y adecuada para un horario triple A, la caricatura, estrenada en cines en Estados Unidos el 5 de enero de 1957 y luego transmitida en las pantallas chicas dentro de ‘El festival de Porky’, contiene dos lecturas que demuestran la sagacidad del guionista Warren Foster (quien después hizo trabajos más inocentes con el Oso Yogi y Charlie Brown) y del compositor Shorty Rogers (1924-1994).

La primera se relaciona con Robert Johnson (1911-1938), de quien la leyenda dice que siendo un inhábil músico, una noche, cerca de una plantación en Mississippi, se encontró con el mismísimo Diablo y éste le ofreció convertirlo en el mejor bluesman si a cambio le daba su alma. Johnson aceptó. El Diablo afinó la guitarra del joven, se la regresó y éste, en menos de un año, se había convertido en el Rey del Blues del Delta, capaz de escribir, tocar y cantar las más memorables canciones del género, muchas de las cuales se pueden escuchar en el box-set ‘Robert Johnson: The Complete Recordings’ (Columbia/ Legacy, 1990), que recibió un Grammy como grabación histórica.

La otra interpretación puede parecer más desaforada, pero tras revisar la biografía de Shorty Rogers (1924-1994) es sencillo advertir que quien fue integrante del Woody Herman’s First Herd conoció a muchos colegas que vivieron enganchados al infierno de la droga. La heroína fue sustancia de uso común entre muchos músicos que recurrían a ella para dar lo mejor de sí en extenuantes sesiones en clubes y estudios de grabación. Unos pudieron liberarse de ella, otros no.

La nómina de músicos con los que Rogers trabajó y que sabían de la angustia porque el conecte llegara a tiempo fueron, entre otros, el trompetista y cantante Chet Baker (1929-1988), el baterista Shelly Manne (1920-1984) y los saxofonistas Charlie Parker (1920-1955), Art Pepper (1925-1982) y Dexter Gordon (1923-1990).

El descenso del lobo al averno y el sonido afilado que allí adquiere permiten suponer que la idea de Rogers y Warren Foster era la misma: el infierno es una maldición, pero lo que a veces se consigue en él puede ser, artísticamente, irreprochable. De hecho, en la misma vena, Rogers había participado dos años antes en uno de los filmes clave de la infernal relación música-drogas: ‘El hombre del brazo de oro’ (Otto Preminger, 1955), en la que Frank Sinatra encarna a un baterista que quiere enmendarse socialmente pero reincide en la droga y su drama existencial se agudiza por la presencia de una esposa chantajista y una gavilla que lo obliga a jugar sucio al póquer.

Caricatura excepcional por su tema, tratamiento y conclusión, ‘Three little bops’ merece una revaloración tan grande como que consiguió la serie televisiva ‘Jazz’, de Ken Burns, y, ante todo, su retransmisión frecuente, aunque sea en horario para adultos”. Qué maravilla de texto.

La caricatura completa pueden verla en este enlace:

 

High Note, 1960 Chuck Jones, Warner Bros.

 De verdad que soy muy afortunado de tener un súper librazo como Looney Tunes And Merrie Melodies de Jerry Beck y Will Friedwald, 1999, (an Owl Book by Henry Holt) como referencia invaluable para hacer estas reseñas para ustedes. Una de las muchas obras de arte del legendario Charles M. Jones (Chuck para los cuates) con la temática del dibujo estilizado hasta la abstracción, en combinación con la música, como lo hizo con su cartoon ganador del Óscar de 1965 The Dot And The Line, para la MGM. La simpática historia de una nota musical borracha que no asiste a la ejecución del vals El Danubio Azul, por estar bebiendo con los cuates en la partitura de Little Brown Jug, canción que para los gringos es sinónimo de exceso de alcohol, así como la pieza musical recurrente, llamada “How Dry I Am”.

High Note (nota high, en su acepción de borracha o drogada, dejémosla en borracha) obtuvo la nominación al Óscar por mejor corto animado en 1961, y aunque no lo ganó, merece ser llamada una pequeña obra maestra de la animación para su tiempo; es triste saber que en estos tiempos de hipocresía llamada corrección política, sea éste un cartoon censurado,  y que por esa razón no lo podamos ver en TV –ni de cable-nunca más. Alguna vez les escribiré acerca de este interesante aspecto de las caricaturas censuradas, que para no envenenar más las pequeñas mentes de los extra mimados hijos de los millennials (sarcasmo; pero si los dejan perrear y oír esa miseria musical llamada reguetón), ya no podemos disfrutar ni en Cartoon Network ni en Boomerang. Ni hablar del humor étnico, que nos llevaría más de una columna. Disfrutemos de este súper cartoon.

 

Nelly’s Folly, 1961 Chuck Jones, Warner Bros.

 Hay caricaturas simpáticas, graciosas, tiernas y las que te hacen llorar; esta joya reúne todo eso, y en gran medida. Estrenada en cines el 30 de diciembre de 1961, con la hermosa voz de Gloria Wood cantando por Nelly, nos narra la extraña historia de una jirafa que canta para divertir a sus amigos en una jungla estilizada( estética de imagen muy propia de Jones y de su escenografista Maurice Noble) , es descubierta por un explorador con espíritu emprendedor , quien le ofrece fama y fortuna si lo acompaña a Nueva York( nota del autor: es una vieja historia muy utilizada por los autores gringos, el descubridor de talentos que viaja a los lugares más recónditos para encontrar aspirantes a estrellas, a veces sale, a veces no) en donde la única jirafa cantante del mundo triunfa escandalosamente; impone modas, graba LP tras LP, y se ubica en los cuernos de la luna.

Sin embargo, con la soledad que siempre sufren los triunfadores, se encuentra de repente vagando por la ciudad – lógica cartoon; es un hecho común que las jirafas caminen por la ciudad en abrigo de piel y tacones altos- , entra a un zoológico, y accidentalmente su mirada se encuentra con un jirafo (¿así se dirá con esto de la equidad de género? jajajaja) que para acabarla de amolar resulta casado; sin embargo ella se enamora, y propicia un escándalo que daña irremediablemente su carrera. Tan rápido como subió, su fama se acaba por ese hecho, y cuando va a buscar al pérfido cuadrúpedo amado, se enfrenta a su desdén, cuál buen marido mandilón y oprimido tan típico y bien visto de los gringos de esos días. Desesperada y desilusionada, decide regresar a la jungla africana a seguir cantando para sus verdaderos amigos, para encontrar al final-like a good american story, of course– el amor verdadero.

Se dice que este cartoon estaba inspirado en la historia de la divina Sarah Vaughn, cantante de Jazz de polendas, y fue también nominada al Óscar por mejor corto animado en 1962. Quizás ya me estoy volviendo muy mayor, pero ver este cartoon siempre me arranca de 5 a 10 lágrimas furtivas. Quizás a ustedes también. En este enlace pueden ver el cartoon:

https://drive.google.com/file/d/1cPsdvXlw0QBaEENTnrbAatPf51gtscMu/view

 

Espero que hayan disfrutado estas seis joyitas tanto como yo al reseñarlas, pues no sólo son divertidas de ver, también nos pueden provocar emoción por la música utilizada, y de repente hasta una que otra lágrima nostálgica. Lo que sí puedo decirles son dos cosas: ¡son maravillosas! Y la otra, es que ahora mismo, 26 de octubre de 1973, son las cinco y media de la tarde, y voy a prender una televisión Majestic color turquesa que está en la recámara de mis padres, y me dispondré a ver en camita en el canal 5 El Festival De Porky, con un delicioso Chocolate Algusto y una sabrosa Relledona Wonder para disfrutar mis cartoons favoritos… ¿gustan?

 

                  “…quién es ese estupendo actor, que nos hace gozar…”

El Festival de Porky, doblaje español latino, hecho fregonamente en México por ahí de 1968

Marco es un adicto al Rock and Roll, al Jazz y al Blues, sobre todo con buena compañía a su lado. Conversador ameno y entrometido si de opinar se trata, gusta de encontrar opiniones diversas sobre las cosas interesantes de la vida; fanático de la trivia y de las citas citables.

3 comentarios
  1. Francisco
    Francisco says:

    Mis hijas que apenas tienen 8 años, ya ven capítulos originales de La Pantera Rosa. Bien sabes que nadie habla en esas caricaturas y ellas le ven la gracia de sus personajes. De ves en cuando ven merry mellodies también. Saludos

    Responder
  2. Víctor Manuel Flores Garcia
    Víctor Manuel Flores Garcia says:

    Hola mi hermanito ! Como siempre felicidades por el material seleccionado y por tus comentarios! A mí me gustaba mucho el cartón de los tres cerditos jazzistas. ! Un abrazo y todo mi cariño !

    Responder

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