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    The Beatles

    Lennon y McCartney pierden los derechos de sus canciones.

    El pasado 30 de junio, Paul McCartney llegó a un acuerdo confidencial con la empresa Sony/ATV Music Publishing LLC con respecto a la propiedad de las canciones que él, junto con John Lennon, escribió mientras se encontraba con The Beatles. A través de varios medios de comunicación se supo que con esta acción el músico dio por terminada la batalla legal que comenzó desde hace varios años, que lo llevó en enero de este 2017, a presentar una demanda ante una corte federal, en Manhattan, para recobrar el catálogo de canciones del cuarteto de Liverpool que abarcan de 1962 a 1970.

    En general lo que pedía el ex beatle, con esta querella, era un juicio declarativo que reconociera, por parte de Sony/ATV, que a partir del 2018 pudiera recuperar los derechos de las canciones de The Beatles, creaciones de Lennon y McCartney, gracias a la Ley de la Propiedad Intelectual de Estados Unidos en donde permite que un autor cuya obra ha sido vendida a terceros pueda reclamarla cuando hayan pasado 56 años de su creación.

    En la demanda presentada, de la cual se informó por distintas agencias informativas, el 18 de enero de este año, Paul McCartney indicó que desde el 2008 puso sobre aviso a la compañía editora su deseo de recuperar el catalogo Beatle y que ésta hasta ese momento no había reconocido el derecho del compositor a suspender la transferencia de la propiedad intelectual de las canciones en virtud de la legislación estadounidense. En el mismo documento se explicaba que el primer vencimiento de los derechos de autor, que fueron vendidos en los sesentas, entrará en vigor en el 2018 por lo que se buscaba, en ese momento, una declaración judicial para que McCartney pudiera confiar en que la ley sería respetada y poder obtener de regreso su obra musical.

    Y para no continuar con un litigio que pudo haber durado mucho tiempo, por fin ambas partes llegaron a un acuerdo en esta última semana de junio. En una carta enviada, el jueves 29, por Michael Jacobs, abogado del músico, al Juez de Distrito, Edgardo Ramos, se aclaró que “Las partes han resuelto esta cuestión mediante la celebración de un acuerdo de solución confidencial y solicitan conjuntamente que la Corte de por cerrado el caso y desestimar la acción mencionada anteriormente sin perjuicio”. Quizá nunca nos enteremos de cuál fue el acuerdo y quién cedió primero, pero esta batalla legal que McCartney enfrentó es consecuencia de varios errores, debido a la inexperiencia, que cometieron unos jóvenes creadores de música de Liverpool, así como su representante, a principios de los sesentas.

    ¿Cómo fue que Paul McCartney llegó hasta estas instancias de pelear por las canciones que él escribió en coautoría con John Lennon? Toda esta historia comienza después de que The Beatles grabara su primer álbum Please Please Me en 1963.

    Dentro de la industria musical, cuando un compositor escribe una canción o melodía no sólo basta con ser grabada, por él mismo o por un tercero, y triunfar en las listas de éxitos. Para que este proceso funcione existen empresas conocidas como editoras de música (publishing) que se encargan de que los autores reciban una paga al momento en que sus creaciones sean publicadas y utilizadas comercialmente. Con esto los músicos, a través de un contrato (muchas veces del tipo llamado leonino, es decir que sólo beneficia a una parte, mientras que la otra no recibe una ganancia justa) otorgan los derechos de sus composiciones a estas empresas para que tengan la libertad de licenciarlas y promoverlas para otras actividades artísticas o de entretenimiento y así obtener ganancias económicas, además de cobrar las regalías correspondientes para entregarlas a los autores de los temas. Y como en esta vida nada es gratis, las editoras se quedan con una buena tajada de ese dinero.

    En el año de 1963, Brian Epstein buscó proteger el control de las canciones que John Lennon y Paul McCartney habían escrito y grabado en Please Please Me, por lo que contactó a Dick James, un antiguo músico dueño de la empresa Dick James Music, para crear la editora Northern Songs. En este momento, claro sin saber que se convertirían en las grandes figuras musicales que son en la actualidad, Lennon y McCartney cedieron, de buena fe y con su firma, los derechos de sus composiciones (tanto las que tenían en ese momento así como sus futuras creaciones) a la nueva compañía en donde quienes salieron ganando fueron Dick James y su socio Charles Silver en la repartición de las ganancias ya que ellos obtuvieron el 51% de éstas, mientras que a John y a Paul les correspondió un 20% para cada uno y Brian Epstein se quedó con un 10%.

    En el año de 1966 una ley tributaria que existía en Reino Unido en ese momento, exigía una tasa de impuestos del 90 por ciento a los contribuyentes por lo que la compañía editora Northern Songs se convirtió en una empresa pública que sacó acciones a la bolsa de valores, con lo que los porcentajes de sociedad se modificaron de la siguiente manera: Dick James y Charles Silver 37.5%, Lennon y McCartney el 15% cada uno, Brian Epstein un 7.5% y aquí se incluyeron a George Harrison y Ringo Starr con un 1.6% entre los dos (0.8%) . Aún así las ganancias para los verdaderos artistas eran muy bajas con respecto a las de los hombres que se encargaban de la administración de la editora.

    A la muerte de Brian Epstein, el 27 de agosto de 1967, Lennon y McCartney buscaron renegociar su contrato con Northern Songs. Para esto, en 1968, invitaron a James a una reunión en las oficinas de Apple Corps en donde colocaron una cámara para filmar la reunión, ellos se comportaron de manera brusca con él, con lo que la relación con el empresario, la cual ya estaba desgastada, se deterioró aún más.

    Por su parte George Harrison y Ringo Starr optaron por dejar que su contrato con la editora llegara a su fin en 1968, con lo que ambos decidieron proteger su trabajo intelectual con la creación de sus propias empresas, Harrisongs y Startling Music.

    Pero otra circunstancia imprevista se les presentaría a John y Paul. En el año de 1969 Dick James y su socio Charles Silver actuaron con dolo, sin avisarles ni a Lennon ni a McCartney, y vendieron su porcentaje de Northern Songs a la compañía Associated Television (ATV) por la cantidad de 1,525,000 libras, sin darles la oportunidad a los compositores la opción de compra de esas acciones. Al momento que John y Paul se enteraron de lo hecho por James y Silver buscaron la posibilidad de llegar a un acuerdo con Lew Grade, propietario de ATV, pero este se negó a negociar las canciones y además, el 5 de abril de 1969, les ofreció nueve millones de libras por sus porcentajes de Northern Songs, situación a la que ellos se negaron.

    En 1969, el representante legal de The Beatles, Allen Klein, logró conseguir un importante incremento en las regalías de las canciones de The Beatles, pero la situación con ATV Music continuó igual. En ese momento, Klein trató de que Apple Corps adquiera la empresa ATV pero fue frenado por John Eastman, abogado de Paul McCartney, cuando envió una misiva a ATV informándole que Klein no tenía la autorización, por parte de Apple, para llevar a cabo cualquier acción con respecto a las canciones del cuarteto de Liverpool.

    Se buscó por todos los medios, a través de Apple Corps, que los pequeños inversionistas de ATV Music vendieran sus acciones para tratar de ir recuperando los temas, pero muchos de ellos decidieron tomar partido por la editora. Finalmente Lennon y McCartney, buscando finiquitar el convenio con la empresa, optaron por vender sus acciones (644 mil de John y 750 mil de Paul) por una cantidad de 3.5 millones de libras, debido a que en el contrato con Northern Songs los obligaba a seguir escribiendo para la compañía hasta 1973. George Harrison ya se había desvinculado de Northern Songs en 1968 y había vendido su parte de las acciones, mientras que Ringo, aunque ya tenía su propia empresa editora, se quedó con su 0.8% de acciones.

    En la década de los ochentas hubo un intento por parte de Paul McCartney para adquirir el catálogo de las canciones de Northern Songs. En 1981, el dueño de ATV, Lew Grade, pidió a Paul la cantidad de 20 millones de libras por las canciones. Posteriormente McCartney declaró que no quiso verse aprovechado y quedarse con las canciones de John Lennon, por lo que habló con Yoko Ono y así los dos poner la mitad. Yoko no tomó una decisión positiva y Graves decidió no solamente vender Northern Songs si no toda la compañía ATV por 40 millones de libras, la cual fue comprada por el magnate, de origen sudafricano, Robert Holmes á Court para después ponerla a la venta en 1984 y esperar la mejor oferta.


    Y es en este momento en donde entra a escena Michael Jackson. Se dice que una charla que tuvieron en 1983 Jackson y McCartney, mientras grababan algunos temas, Paul le aconsejó al cantante de Billie Jean invertir su dinero en el publishing, es decir en la compra de catálogos musicales de artistas, como él lo había hecho al adueñarse de las canciones de Buddy Holly y de Carl Perkins a través de su empresa MPL. Jackson no echó en saco roto los consejos del exbeatles y comenzó a comprar inventarios de canciones.

    Robert Holmes á Court recibió ofertas, por parte de particulares y grandes corporaciones, para la venta ATV Music, que incluía Northern Songs, previamente el millonario buscó a McCartney y a Ono para hacerles una oferta, pero por diferentes razones decidieron no adquirirlas. Pero fue Michael Jackson, a través de su abogado John Branca, quien consiguió, en agosto de 1985, la compañía (con las canciones de Lennon y McCartney y muchas otras de diferentes artistas) por una cantidad aproximada de 46 millones de dólares.

    Una vez más Paul McCartney no pudo hacerse de las canciones que él escribió. En manos de Michael Jackson algunos temas de The Beatles fueron utilizados para campañas publicitarias. Pero diez años después, en 1995, Michael Jackson comenzó a tener problemas personales y financieros los cuales lo llevaron a vender una parte de ATV Music a la empresa Sony (que había adquirido la discográfica CBS) por un valor de 95 millones de dólares con lo que se creó Sony/ATV Music.

    Michael Jackson murió el 25 de junio del 2009, tenía muchísimas deudas que sus herederos no podían solventar por lo que decidieron vender el resto de ATV a Sony por la no despreciable suma de 750 millones de dólares con lo que se su puso fin al tema de Michael Jackson como dueño de las canciones de The Beatles.

    Ha sido un largo y tortuoso camino en el que Paul ha peleado, con todos los medios legales, por recuperar las canciones que él escribió con John Lennon; temas suyos por los que tiene que pagar para poderlos interpretar en un concierto. No ha sido fácil para él y gracias a una ley de derechos de autor de Estados Unidos que le otorga a un compositor recuperar sus temas luego de 56 años de haber sido registrados, Paul decidió emprender esta nueva batalla la cual llegó a su final este mes de junio. Ignoramos cuál fue el acuerdo al que llegaron ambas parte, Sony/ ATV Music y Paul McCartney, pero esperemos que con esto el exbeatle recupere, por fin, su acervo musical.

     

     

     

     

     

    Arturo Espinosa

    Originario de la Ciudad de México, estudió la carrera de periodismo en el Centro Universitario de Periodismo en Arte, Radio y Televisión(PART). Se describe a si mismo como beatlero de alma y rockero de corazón.

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