Roland Topor fue aquel genio-cocinero que imaginó, desde el  humor negro, el sarcasmo y la ironía, exquisitos platillos, cuyo ingrediente principal es siempre carne humana. Estas recetas están en La cocina caníbal (1970), un texto fabuloso que exige de sus lectores-comensales, mucho estómago, pero también una invitación al juego, debido el carácter lúdico de la obra.

Nada más apegado  a la estética surrealista, que la gran película El planeta salvaje (1973), dirigida por René Laloux, quien también escribió el guión junto con Topor.  Esta obra está inspirada en la novela de Stefan Wul, Oms en Série. Y hay que ver la relevancia que adquiere el hombre, nuevamente, como “ingrediente” indispensable. Desde luego que la novela ya no se refiere al canibalismo, pero sí recuerda o inventa un tiempo primitivo en el que, por diversos mecanismos que se presentan en la película, los hombres son animalizados.

Le falta a esta película un elemento para que termine dislocar nuestros sentidos: la música. Alain Goraguer se dedicó a componer una banda sonora que cohesionara con la paleta, en su mayoría de colores fríos; los ambientes oníricos y hasta perturbadores, las trazos y hasta los gestos, pues no por ser animada carece de expresión, por el contrario.

Entre el jazz y la psicodelia, la música pasa del dinamismo, que ofrece a algunas escenas, al sosiego. Muchos pasajes son oscuros y misteriosos, así como, a nuestros ojos, pueden ser los draag, estos seres que amantes de la meditación y que pretenden acabar con los oms, los hombres.

Algo interesante de la obra y que quizás no ocurre con mucha frecuencia, es que la banda sonora puede escucharse de manera aislada, sin tener la película detrás, y aun así sigue funcionando, pues evoca atmósferas lejanas y sorpresivas, como piezas que están al acecho de nosotros y, en el mismo compás, cuerdas eléctricas y percusiones nos descubren sin sentirnos preparados.

En “bracelet”sobre el mismo motivo musical, Goraguer mete variantes que permiten que, aunque la pieza no sea totalmente repetitiva, se mantenga en una misma figura.  La pieza avanza y avanzamos con ella. Nos dejamos absorber por ella, porque de cierto modo, su sabor en apariencia cíclico, pudiera anunciar el principio de un ritual.

Las pequeñas piezas salvajes que compone Goraguer funcionan, muy a su modo, también como platillos o bien, como parte de un gran banquete.  Toda gran cena se acompaña de buenos vinos, esa misma fórmula funciona con las películas, si es buena, sólo una banda sonora al nivel puede resaltar su portento, caramba.

 

Aketzaly Moreno (Ciudad de México, 1992) Es egresada de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Poeta espiritista, médium de la literatura y amante de Stravinsky. Ha publicado breves comentarios en torno a la poesía en la revista La llama azul. Aparece en la antología Historias de sexo, conspiración y muerte (Ediciones Texto e Imagen, 2017). Realiza espectáculos escénicos para acercar la música y la poesía a los niños.