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Las cinco peores canciones de Paul McCartney

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    En el 2010, el periodista norteamericano Craig Outhier publicó en el periódico Phoenix New Times un artículo en el cual enlistó cuáles eran las cinco peores canciones de Paul McCartney.

    Tal vez nuevo en el oficio, al profesional de la comunicación se le olvidó mencionar que lo escrito era únicamente su muy personal opinión y hasta omitió el pequeño detalle de cerrar con un respetuoso “la mejor opinión es la de usted, estimado lector” o algo similar. Digo, nunca está de más recordar que aquellos que compran los periódicos son los que aportan el sustento propio y merecen su lugar…

    El caso es que sólo bastó esta pequeña pieza de egocentrismo para desatar una pequeña tormenta internacional que tuvo eco en muchas comunidades en línea enfocadas en The Beatles. Grandes debates se realizaron durante las siguientes semanas trayendo como consecuencia apasionadas y fervientes declaraciones a favor y en contra de las cinco canciones mccartnianas seleccionadas por este señor. De paso, se perdieron muchas amistades cibernéticas.

    Lo que nadie entonces tomó en cuenta fue que la música, como el resto de las bellas artes, se puede evaluar de dos formas, sólo de dos:

    1. De manera subjetiva o
    2. De manera objetiva

    No hay más; o metes sentimientos o metes cerebro. Y lo mejor de todo es que ambas son totalmente válidas.

    1. La evaluación subjetiva de cualquier pieza musical involucra la asociación de ésta con algún evento emotivo relacionado con nuestra vida. La mayoría de las personas, de hecho, deciden qué canciones son buenas y cuáles son malas con base a qué emociones éstas les recuerdan. Como ejemplo, ahí están las canciones de amor que nos hacen revivir nuestros primeros enamoramientos, aquellas que nos hacen llorar dado que sus letras evocan nuestros fracasos personales y, más aún, las que nos recuerdan a algún conocido o miembro de nuestra familia y que catalogamos como buenas o malas de acuerdo a si la persona ha muerto o sigue viva.

    Decidir si una canción es buena o mala con base en la emoción que ésta despierta en nosotros no es malo; simplemente es muy común.

    2. La segunda manera de evaluar una pieza musical tiene que ver más con la capacidad de análisis e implica dejar a un lado y de manera momentánea, los sentimientos que ésta pueda generarnos. Al basarnos en ciertos parámetros básicos y ver si la pieza en cuestión cumple con ellos, el sentimiento mismo regresará y nos confirmará si la canción o la obra musical es buena o si es mala. Aquí, algunos de éstos parámetros:

    Dificultad – Una buena canción debe de tener un cierto grado de dificultad en su interpretación vocal y musical.

    Originalidad – Lo presentado a consideración del público no debe recordarnos ninguna otra pieza musical.

    Brevedad – Debe de durar el tiempo justo para motivarnos, ni más ni menos.

    Unidad – Debe incluir una idea principal que se desarrolla a lo largo de toda la pieza sin repeticiones eternas e innecesarias.

    Poesía – Su letra debe mostrar una métrica precisa y debe poder asombrarnos por el orden de la disposición de sus palabras.

    Uso del Registro Vocal – Las buenas canciones deben de poder ser cantables utilizando rangos no comunes aunque alcanzables del registro vocal. Esto es que no cualquiera pueda cantarlas sin desafinar.

    Distinción – Una pieza musical que vale la pena es única en su concepción, no es repetitiva y se reconoce fácilmente con sólo escuchar sus primeras notas.

    Memorabilidad – Las buenas canciones son memorables y trascienden en el tiempo.

    Y regresando al tema de las cinco peores canciones de Paul McCartney de acuerdo al periodista Outhier, también es importante definir que no existe en la historia de la humanidad un sólo artista que haya compuesto únicamente obras maestras. Paul, además de habernos hecho vibrar durante varias décadas, también ha sometido a la consideración de los maccafans del mundo piezas que más hubiera valido guardarlas en el cajón de lo que nunca debió hacerse público.

    Sin embargo, él no es el único. ¿Acaso John escribió puras piezas musicales de primera nivel? No, ¿verdad? Sólo basta recordar el estrepitoso fracaso de su álbum Sometime In New York City. ¿Y George? Menos, de él suficiente es mencionar el tan vapuleado álbum Gone Troppo para entender que estos tres artistas, además de ser talentosísimos y excepcionales, comparten otra característica: sólo son/fueron seres humanos que están y estuvieron sujetos a cometer errores, a atravesar periodos de poca inspiración y a tropezar en el momento menos esperado aún en lo que ha sido su área de especialización.

    ¿Creen ustedes que Mozart le brindó al mundo únicamente obras llenas de virtuosismo? Pues no, claro que no. Wolfgang Amadeus Mozart, como John, Paul, George y el resto de los compositores del mundo, fue un simple mortal que no siempre le atinó. Los conocedores de su obra han señalado en la red que su obra Kochel 118, Betulia Liberata, está catalogada como una pieza bastante aburrida y repetitiva. Si lo es o no, quienes deberían definirlo objetiva o subjetivamente son los expertos en su legado y aquellos que gustan de su música.

    ¿Qué nos deja esto? Esperaría yo que cualquiera que quien lea esto entendiera bien que en gustos se rompen géneros y lo que para ti puede ser una pieza maestra musical, para mí puede no serlo. Fácil, ¿no? Apliquémoslo en la vida real, en las redes sociales y en donde sea: el respeto al gusto ajeno SIEMPRE es la paz.

    ¡Ah! Y antes de que lo olvide, según Craig Outhier las cinco peores canciones de Paul son Spies Like Us, Wonderful Christmas Time, Ebony and Ivory, Spirits of Ancient Egypt y Too Many People. Por si a alguien le importaran los gustos de este señor.

    Y por supuesto, la mejor opinión es la de usted, estimado lector.

    Tere Chacon

    Titular de El Círculo Beatle.

    Beatlera, podcastera, desarrolladora web, locutora, autora y otras maravillas… Embajadora global de la Beatlemanía por The Beatles Story.

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