Nostalgia

La liga de la decencia y el rock

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    El concierto que nunca fue.

    México, principio de los años cincuenta: el crecimiento urbano y el desarrollo de infraestructura llegaron a la capital mexicana. Desgraciadamente este crecimiento también llegó con la disminución de las libertades artísticas y culturales. Particularmente la música de rock siempre incomodó al Estado mexicano. Un concierto de rock, masivo, en lugar abierto y con convocatoria de la sociedad civil, representaba para la autoridad una potencial mecha que podía prenderse. Lo anterior, quedaría comprobado muchos años después con la válvula de escape de Avándaro y el posterior hoyo negro del rock mexicano.

    Regresemos a los años cincuenta, Ernesto Peralta Uruchurtu, “fue el regente de hierro” del otrora Distrito Federal, de 1952 a 1966. Nació en Hermosillo, Sonora en 1905 y falleció en 1997. Su gestión abarcó tres gobiernos, el de Ruiz Cortines, el de López Mateos y el de Díaz Ordaz. Durante su larga gestión se construyeron numerosas obras urbanas que cambiaron el rostro de la capital mexicana. Con el tiempo, se considera que se privilegió el uso del automóvil, pero también es cierto que al principio de su gestión hubo menos tolerancia hacia los actos de corrupción de los servidores públicos. Es sorprendente escuchar a personas mayores expresarse bien de este político bastante controvertido. Uruchurtu decidía qué se podía ver y qué no, ostentándose como un paladín de la moral y de las buenas costumbres. “La cruzada de la decencia teatral” comandada por el escritor Luis Spota, supervisaba que en los escenarios las faldas cortas y los ombligos que se aireaban fueran censurados, también se prohibían los movimientos de cadera exóticos y lascivos.

     

    Se cerraron muchos teatros y vetados muchos artistas; teatro experimental o clásico donde hubiese semidesnudos, era cerrado. Luis Buñuel, Jodorowsky, “Tongolele” , María Victoria y la vida nocturna de una gran ciudad se vieron afectados por esta oleada moralizante. Muchos antros fueron cerrados. Se prohibió el consumo del pulque y el jazz no era bien visto por el regente de hierro. Los Beatles también fueron censurados por Uruchurtu, en 1965 se dice que empresarios ya habían arreglado una presentación en nuestro país, pero “don Gladiolo” (así le decían a Uruchurtu por sembrar esta hermosa flor en cada camellón que se le ocurría), no permitió los permisos correspondientes a “esos músicos de pelos largos”.

     

    También Uruchurtu intervino para ayudar a un adinerado magnate, cuya hija cumplía 15 años en ese entonces, y se les ocurrió la brillante idea de pedirle al rey del rock, Elvis Presley que viniese a cantarle a la quinceañera, mandándole un cheque en blanco en un sobre. La respuesta fue “no”, el cheque regresó como se fue, en blanco lo que causó la ira de los políticos. De ahí surge la censura a Elvis en esos tiempos (1957). Prefiero besar a tres negras que a una mexicana, aseveración falsa que Federico de León, columnista de chismes en varios periódicos mexicanos , puso en la boca del rey del rock. A Elvis le prohibieron la entrada al país y la venta de sus discos fue saboteada discretamente. (La fuente de esta información la pueden consultar en el excelente libro “Refried Elvis: The Rise of the Mexican Counterculture” de Eric Zolov, University of California press, 1999).

    Pasarían muchos años, para que en nuestro país se pudiera ver a personalidades del rock en eventos masivos. Fue entonces, que el Estado consideró que ya habíamos alcanzado la mayoría de edad.

    El rostro de la doble moral en el México de los cincuenta y sesenta.

     

     

    Mauricio Castillo

    Soy apasionado del diseño. Me encanta leer, cocinar, pintar y escuchar música, sobre todo jazz; pero disfruto mucho la música del cuarteto de Liverpool, la cual siempre me ha acompañado.

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