Desde luego que ni siquiera los poetas pudieron evadir la peculiar seducción que genera la música de los Beatles. En  muchos poemas aparecen, ya sea para crear una atmósfera específica, ya sea para redondear una imagen, incluso para aludir directamente a uno de sus integrantes, los Beatles se dejan poetizar, como todo lo que existe, rodea y es rodeado por el mundo, susceptible de ser transformado por el poeta.

Hacer una lista de poemas que hacen referencia al cuarteto es difícil, porque habría que indagar en la poesía de todas las lenguas y, luego, determinar de un gran corpus, qué poemas están logrados; quizás establecer los criterios que servirán para llevar a buen término está tarea sea tan complejo como el hecho mismo de rastrear todos los textos poéticos que haya- y que sin duda se siguen haciendo-de los Beatles.

Sin afán de hacer una lista que elija los mejores, ni siquiera una especie de lista que agrupe del mejor al peor, he seleccionado los siguientes poemas, quizás el único criterio que, previa sesión espiritista, me movió a reunirlos aquí, fue la lengua, por lo cual, a pesar del reclamo que desde las zonas abismales de la muerte me hicieron muchos otros poetas, sólo escogí a cuatro de ellos. ¡Seis de tantos! Sí, es una locura. El orden en que aparecen, por otro lado, debo aceptarlo, corresponde más a un gusto personal. Una cosa es cierta: Hace falta convocar más voces aquí.

Darío Jaramillo  Agudelo, (1947)

Hay que decir que los poemas del colombiano desestabilizan lo habitual, porque lo abrillantan.  En el poemario  Poemas de amor (1986)  se incluye  “De la nostalgia, 1”. En la posibilidad de mirar hacia atrás, sólo por la maravilla del recuerdo,  la música de los Beatles se presenta como una especie de luz que permite retroceder, aunque sin la capacidad de volver a vivir lo vivido.

De la nostalgia, 1

Recuerdo solamente que he olvidado el acento de las más amadas voces,
y que perdí para siempre el olor de las frutas de la infancia,
el sabor exacto del durazno,
el aleteo del aire frío entre los pinos,
el entusiasmo al descubrir una nuez que ha caído del nogal.
Sortilegios de otro día, que ahora son apenas letanía incolora,
vana convocatoria que no me trae el asombro de ver un colibrí entre mi cuarto,
como muchas madrugadas de mi infancia.
¿Cómo recuperar ciertas caricias y los más esenciales abrazos?
¿Cómo revivir la más cierta penumbra, iluminada apenas con la luz de los Beatles,
y cómo hacer que llueva la misma lluvia que veía caer a los trece años?
¿Cómo tornar al éxtasis de sol, a la luz ebria de mis siete años,
al sabor maduro de la mora,
a todo aquel territorio desconocido por la muerte,
a esa palpitante luz de la pureza,
a todo esto que soy yo y que ya no es mío?

Fabián Casas (1965)

La poesía de Casas  también incorpora elementos cotidianos, con un lenguaje sencillo, pero no por esto simple. A veces, incluso, más que deslumbrante, pudiera llegar a ser de cierto modo fosforescente.  “Una canción que no recordás”  es un poema que, igual que el anterior, incorpora mediante la referencia directa de los Beatles, una manera de configurar el ambiente que, de nuevo, mira un poco atrás; alguien recuerda y, de golpe, vuelve nuevamente en sí, en el momento preciso en que está por ocurrir algo. Aquí la presencia de la música es importante, porque, aunque curiosamente no se recuerde cuál es, dispara el hecho de volver la memoria atrás.

Acelerás despacio,
el aire en la cara te reconforta.
A tu derecha, una heladera de coca-cola
ilumina la estación de servicio.
Un colectivo, amarillo, cruza lentamente la calle.
En la radio, los Beatles
cantan una canción que no recordás;
una cucaracha flotaba en el café cuando vaciaste la cafetera.
Doblás y tomás por una calle oscura,
el empedrado te sacude un poco
y el ruido liso que te acompañaba
es ahora un leve repiqueteo.
¿Qué es lo que hace
que una vida funcione y avance?
Alguien, unos metros delante tuyo,
hace señas para que te detengas.

Gonzalo Rojas (1916-2011)

Es este señor una autoridad, uno de los más grande poetas que  dio Chile a nuestro hermoso continente. El poema que dedica el maestro a John Lennon, además de hacer referencias a “Lucy in the Sky with Diamonds” y “Strawberry Fields Forever”, es delicado y, quizás, aunque sea una despedida y eso implique en cierta medida una pena, es, en todo caso, una pena alegre.

Adiós  a Lennon

Acostúmbrame, John, a verlas por el periscopio
de mármol, a palparlas
desde ahí tan lejos en tu escafandra
de raso,
ah y por liturgia
aunque sea sábado y sigas
teniendo 22 tocando
durmiendo toca hasta el fin,
estremecimiento de diamante,
no
huelas la locura der estas rosas.

Óscar Hahn (1938)

Es un maestro. Habrá que empezar por ello. Si se me acusara de haber hecho una lista muy arbitraria, aquí se hallarán muchos argumentos. Toda su poesía es luz sobre los objetos, sombra donde hay claridad, es también fiesta, juego y sonidos. Sin embargo, el poema que dedica a Lennon está alejado del carácter lúdico de la poesía, al contrario, adquiere un tono que hasta podríamos relacionar con lo profético.

John Lennon (140-1980)

La vida comienza a los cuarenta
dijo John Lennon encendiendo las velas
en el comedor del edificio Dakota

La otra vida comienza ahora mismo
dijo la muerte apretando el gatillo
en la puerta del edificio Dakota

Porque después de esta muerte no hay otra
dijo la voz apagando las velas
y al que le venga el luto que se lo ponga

 

Referencias:

Darío Jaramillo Agudelo,  Una antología. Material de lectura, UNAM

Ezequiel Zaidenwerg (Sel.), Penúltimos. 33 poetas de Argentina (1965-1985),  UNAM

http://www.laraizinvertida.com/detalle-2104-2-alto-voltaje-poesia-y-musica-poemas-a-john-lennon