Rock progresivo

Canto di primavera (parte I) – Banco

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    Canto di Primavera (1979) es música especial. Para mí, Banco del mutuo soccorso (Banco para abreviar) es punto y aparte. Pocos grupos me inspiran tal respeto. Notarás irremediablemente que soy fan. Pero créeme, yo jamás admiro gratuitamente.

    Dice un refrán europeo que los italianos crean, los alemanes desarrollan, los franceses sistematizan y los españoles imprimen. Aunque las diferencias entre idiosincrasias están esfumándose, con tanta miseria y desigualdad que provocan tanta migración y mezcla, no hay un país europeo que haya generado tanto arte y cultura como Italia. Banco es uno de tantos grupos que, al incursionar en el rock progresivo, demostraron otra vez que los italianos son músicos superlativos. Canto di Primavera, en particular, es rock muy italiano. Afectuoso, melódico, dramático, poético, teatral. Es rock progresivo para amarlo… como todo lo italiano.

    De esta formación, la clásica, con Pierre Luigi Calderoni en la batería y los hermanos Gianni y Vittorio Nocenzi en los teclados, lo primero que me impresiona es el perfecto… no, el sobrenatural, extraterrestre ensamble entre la base de batería y teclados, sobre el cual se asienta todo. Ensamble con rubato, además. No con swing, eso es cosa gringa.

    Siempre que alguien me habla del virtuosismo de músicos como Mike Portnoy, el recuerdo de Calderoni me hace sonreír. En Estados Unidos el virtuosismo es, antes que nada, velocidad y efectismo. En Italia es prioritariamente belleza: de sonido, de fraseo, de expresión emotiva. La velocidad es medio, no finalidad. Vivaldi, extravagante y gozoso. Monteverdi con su “Stile concitato” (estilo apasionado)… incluso Paganini, expresivo y dulce hasta la médula. Hasta los neoserialistas italianos hacen énfasis en lo bello. Y fuera de la música, los ejemplos de la pasión italiana por la belleza no tienen fin…

    Hablar de teclados y batería como base puede sonar extraño. Pero no lo es. La bataca y los dos teclados fueron siempre la columna vertebral de Banco. Esto no es rock norteamericano, aunque mucho de jazz y de funk anden rondando. Sobre ese zócalo instrumental se erige la voz extraordinaria de Francesco di Giacommo (DEP). La guitarra es en gran medida accesorio tímbrico. El bajo… pues sí, es el bajo, pero aquí el ritmo no descansa sobre él. En Banco la guitarra y el bajo no constituyen la base. Gran parte del planteamiento de los progresivos tuvo que ver con la superación de los esquemas estandarizados. El léxico de la música es más amplio de lo que podamos soñar.

    Nadie menciona a Canto di primavera como posible mejor disco de Banco. No sé por qué, es tan bueno todos los demás. Sí sé que es extraordinario, y que es el más fácil de escuchar. Ja, ja… quizás por eso a muchos les parezca menos bueno. Así se las gasta la crítica prog. Se trata de su octava entrega, así que llega en plena madurez. Algo de ideal renacentista hay en discos como este, donde placer y virtuosismo se inspiran mutuamente, donde nada sobra ni falta. Aquel concepto humanista de “equilibrio de oro” (Aurea mediocritas).

    Es cierto que Come in un’ultima cena es más impresionante. Que los dos primeros, Banco del mutuo soccorso y Darwin, te hechizan con su virtuosismo exhaustivo y solemne. Y Capolinea, en vivo, es toda una pachanga funk. Pero si no conoces a Banco, Canto di primavera es un gran lugar para empezar. Es roca sólida. Es impecable. Y siendo completamente progresivo, es fácil de oír. Son 8 canciones excelentes, no puedo recomendar una en especial.

    El título del primer número, Ciclo, ya parece una referencia a la primavera. Es una pieza instrumental, con dos temas desarrollados sobre un ostinato rítmico, Ambos temas regresarán en otras canciones, lo cual no basta para hablar de un álbum conceptual, pero es típico del rock progresivo. El primer tema melódico presenta una de las características particulares de Canto di primavera: el uso de sonoridades orientales (incluyendo en este concepto a Europa del este, cuyo folclore tiene tanta influencia asiática).

    Estos lenguajes son empleados oportunamente, funcionan bien y se integran al desarrollo total del álbum, por lo que no afectan a su coherencia. Pero respecto a la motivación de los Nocenzi para utilizarlos, reconozco que no tengo la menor idea. También desde el mismo inicio queda claro cómo se usa el bajo en Banco, con armónicos y adornos realizados en un instrumento sin trastes, que enfatizan su carácter melódico y colorístico.

    Por la mera sonoridad, este primer tema, muy folclórico, podría ser húngaro, rumano o griego. Gianni Nocenzi, el pianista, añade el timbre del clarinete, mientras Rodolfo Maltese, guitarrista, se pone con la trompeta. El resultado es muy bueno, con colores brillantes. Aparecen los sintetizadores con timbres suaves. Al llegar el segundo tema, en la trompeta, Ciclo se convierte un soft jazz reposado y cantable. Después de algunas improvisaciones de Gianni Nocenzi, el final es tranquilo.

    Sigue Canto di primavera, que da nombre al disco. La introducción utiliza el primer tema de la canción anterior. ¿Qué instrumento será esa pequeña guitarra que suena a charango, tan folclórica? Investigo, investigo… resulta que es un charango. Oímos un ambiente de comparsa de pueblo que nos atrapa de inmediato. Después de la intro llega la voz, con el primer tema propiamente de esta canción, el “verso”. Comienza con un confuso comentario acerca de los gitanos:

    El olor de los gitanos es como el mar: llega y no sabes de dónde.

    El cantante Francesco Di Giacomo nos dice que también la primavera es así, pues:

    Llega como el mar/ y nunca sabes de dónde./ Llega como el mar,/ llega de improviso/ y nunca sabes de dónde.

    Investigando un poco comprendemos la extraña referencia al olor de los gitanos: se trata de las hierbas aromáticas que utilizan en sus fiestas, y que los identifican, junto a sus castañuelas, palmadas y violines. Precisamente las castañuelas y palmadas que se escuchan más adelante nos aclaran la cuestión estilística: Banco nos está cantando una primavera gitana. Tenía que sonar a Europa del este, pues las principales comunidades gitanas están en Rumania, Hungría, Bulgaria, Eslovaquia, Macedonia, y la más lejana al sur de España. Y por supuesto, los gitanos provienen de Asia.

    Los colores del clarinete doblado en los agudos, las percusiones a cargo de George Aghedo, las cuerdas sintéticas en la armonía, arpegios y adornos en el piano CP80,  y ese hermoso e intemporal timbre del sintetizador solista, conforman una balada llena de luz, junto a los jalones rítmicos de una batería viva y expresiva. Orientalismos aparte, la melodía no podría ser más italiana.

    Sono la bestia (Soy la bestia), la tercera canción, es muy distinta en carácter, aunque los colores instrumentales son semejantes. Más compleja y agresiva, es una reflexión acerca de las distintas facetas de nuestro lado animal. Está orientada al jazz, sin dejar de ser rock, con el sax de Luigi Cinque, clarinete, trompeta, teclados, guitarra eléctrica y un bouzuoki (antiguo instrumento folclórico griego, semejante a la mandolina), en empastes perfectos. La guitarra canta junto con la voz en el coro, haciendo contrapunto o doblándola al unísono. La batería es espléndida, con remates ultra precisos y un bombo notable, impecablemente apuntalado por el bajo.

    “Soy la bestia, una pequeña libertad,/ que siempre te preocupa pero nunca atraparás./ Soy la bestia, que no renuncia nunca./ Soy un puño en la cara,/ lo que piensas pero no dirás.”

    Para un músico entrenado, la perfecta precisión de esos breaks, que dejan un breve silencio sobre el cual se monta una figura del teclado o un golpe de tarola, resulta intimidante. Es un empaste inverosímil, que no encontramos normalmente en el rock, y más bien recuerda a agrupaciones clásicas de cámara europeas, como el “Bartók String Quartet” o el “Neues Bachisches Collegium Musicum”. (Así se llama, no es mi culpa…).  🙂

    Pero lo más impresionante es la relajación y naturalidad en la ejecución, como quien hace la talacha de todos los días. ESO ES VIRTUOSISMO, no acribillar con notas a diestra y siniestra, como si jugáramos “Doom”. En este aspecto bien podríamos apodar a Banco  “La bestia”. El puente merece una atención especial. Acústico, en tiempo lento, de una delicadeza contrastante, realza el carácter progresivo de la pieza.

    Por hoy me detengo aquí. Continuamos en 15 días, tiempo suficiente para escuchar con calma Canto di primavera. Pueden enconttrarlo fácilmente en la red. Bien y de buenas, me encontré un video muy bonito. Saludos y a disfrutarlo.

     

    Jaime Uribe

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