Bootlegs, piratas al abordaje musical.

Cuando nos volvemos aficionados a la música y empieza a gustarnos un estilo más que otro, o un grupo (o grupos) más que otro, comenzamos a formar nuestras colecciones, una tarea que nunca termina porque siempre encontramos algo novedoso que queremos incluir en ellas. Los coleccionistas de música grabada se dividen en diferentes categorías, los hay quienes deciden buscar discos en ediciones de todo el mundo, es decir pueden tener repetido el mismo álbum pero procedente de otros países, los cuales tienen detalles que los hacen únicos; muchos coleccionan y pagan buenas sumas por los discos y sencillos promocionales, aquellos que las mismas disqueras entregaron a estaciones de radio para ser presentados a través de sus frecuencias y por lo regular de manera contradictoria tienen impresa la leyenda “prohibida su venta, sólo para uso promocional”. Pero también existen quienes no quedan conformes con las grabaciones oficiales que comúnmente se encuentran en las tiendas de discos o actualmente en los servicios de streaming de paga. Personas que hallan placer en escuchar los llamados discos bootlegs, también conocidos como piratas (lamentablemente el término “pirata” se devaluó debido a los discos que se venden ilegalmente en las calles a un precio ridículamente bajo y que son viles copias del material discográfico oficial).

A estas alturas quizá haya personas que desconozcan qué es un bootleg, por lo que hay que aclarar que se tratan de grabaciones no oficiales, las cuales contienen canciones inéditas, temas que quedaron enlatados y nunca vieron la luz, cintas demos, temas en concierto o conciertos completos, muchos tomados directamente desde la consola y otros registrados, en mala o regular calidad, con una grabadora de mano. Hubo un tiempo, sobre todo antes del internet, en donde bastantes aficionados a este tipo de material gastaban fortunas por conseguir aquellas grabaciones a las que le llamaban “rarezas”. Los precios por los discos bootleg (primeramente en vinil y luego en compact disc) eran elevados y no todos podían acceder a ellos, afortunadamente también se vendían en cassettes con lo cual se podía disfrutar de esta música a un costo menor, claro con el riesgo de que se grabaran en malos aparatos caseros y no se escucharan bien.

La historia de los bootlegs, acorde con el escritor y periodista británico de rock, Clinton Heylin autor del libro Bootleg: The Secret History of the Other Recording Industry de 1994, nos dice que el primer álbum de rock no oficial en cobrar importancia fue el célebre Great White Wonder de Bob Dylan. “En el verano de 1969 en un pequeño grupo de tiendas de discos independientes, apareció un conjunto de dos discos con una etiqueta blanca, alojado en una funda de cartón liso, con sólo tres letras estampadas a mano –GWW- . Esto fue Great White Wonder, una colección de grabaciones inéditas de Bob Dylan seleccionadas principalmente de sesiones realizadas en casa en Minneapolis en 1961 y Woodstock en 1967. Ese fue el primer bootleg de rock y engendró una industria”. En ese momento comenzaron a distribuirse material “pirata” como Live´r Than You´ll Ever Be de The Rolling Stones que fue grabado en su concierto de Oakland en 1969, el Live On Blueberry Hill de Led Zeppelin caprturado de su show en el Forum de Los Angeles en 1970 y el famoso Kum Back de The Beatles que contenía canciones de las sesiones de su álbum Let It Be. Cabe recalcar que muchos de estos álbumes poseían un buen sonido que de alguna manera podía competir contra los discos oficiales.

La palabra bootleg se deriva de bootlegging el cual es un concepto que proviene de actos ilegales, ya que tiene que ver con el tráfico de licor que violaba las restricciones legislativas sobre su fabricación y venta en Estados Unidos. Se ha llegado a explicar que el término se utilizó en el medio oeste en 1880 y tenía que ver con ocultar los frascos de licor ilícito en las botas para así poder comercializarlo con los indios. La palabra se volvió popular también cuando nuevamente en el país de las barras y las estrellas se prohibió la venta de alcohol en 1920 la cual concluyó hasta 1933. Para su uso en el concepto de música se dice que lo mismo hacían aquellas personas que se escondían las grabadoras (no necesariamente en una bota) para así grabar las presentaciones de los artistas  y luego venderlas.

Aunque en su texto Clinton Heylin ubica el uso de “bootlegging” en tiempos de William Shakespeare, cuando en el siglo XVI surgieron los llamados bookleggers, quienes se encargaban de publicar panfletos subversivos en contra de la corona, aunque se aclara que sus motivos no eran comerciales. Al llegar la invención de la imprenta de Gutenberg se abrió una amplia difusión a la palabra escrita. Heylin explica que en ese momento el dramaturgo Ben Johnson estaba al tanto de la publicación de sus obra, pero no así William Shakespeare. “Los editores piratas Elizabeth y Stuart fueron los primeros en publicar las obras de William Shakespeare, aunque en forma no autorizada. Estos bookleggers fueron la primera generación de corsarios ante una demanda pública de textos de actuaciones que habían disfrutado y deseaban recrear en sus mentes”. El bardo no concibió su obra para ser leída sino para ser actuada en un escenario, pero los actores copiaron sus diálogos e hicieron transcripciones para ser vendidas. Después entre el público que asistía a presenciar las obras de Shakespeare había personas que se dedicaban a anotar cada palabra que salía de boca de los histriones para así poder imprimirlas y comercializarlas. “En el siglo XVI esto era el equivalente a grabar un concierto de rock”.

De regreso a la música, los bootlegs cobraron importancia y una horda de fanáticos se lanzó a buscar estas piezas de colección, con lo cual se generó una industria que se preocupó en crear un arte para las portadas de su producto y competir con las grandes disqueras. Pero estamos hablando de una “industria” que obviamente es ilegal al publicar material inédito o conciertos de artistas que no han dado su consentimiento, ni tampoco reciben una paga por la venta de su música la cual está protegida por los derechos de autor. Este es un gran riesgo que deben sortear los sellos que se dedican a imprimir y distribuir este tipo de material musical. Se ha explicado que algunos de estas compañías como Godfather Records, Yellow Dog y otras, han abierto cuentas bancarias en donde depositan el dinero y lo dejan ahí, según ellos, por si en algún momento algunos de los artistas afectados decide cobrarles y de ahí puedan tomar el capital para pagarles. No sabemos si esto sea cierto, aunque debemos aclarar que el tiraje de producción de estos discos no es grande. Cuando atraparon al “empresario”  Lou Cohan este se defendió porque se le imputaba una ganancia, por la venta ilegal de discos, de 250 millones de dólares, a lo que este respondió que era ridículo puesto que “estaba fabricando entre 2500, 3500, máximo 4000 copias bootleg de un artista en particular y vendiéndolos al mayoreo a 1.50 cada álbum”.

Con la llegada de los compact disc y toda la tecnología, esta industria creció más y dominó la parte final de los ochentas y reinó en los noventas, en donde pudimos disfrutar de excelentes grabaciones de muchos artistas como U2 con el álbum triple Salome (The Axtung Beibi Outtakes) que contenía algunas maquetas y jams de lo que sería su exitoso disco Achtung Baby (1991). Se rescataron conciertos clásicos y sesiones de estudio de Pink Floyd, Black Sabbath, Bruce Springsteen, David Bowie, REM y muchos artistas más. Clinton Heylin destaca que en 1994 (año en que publicó su libro) el disco bootleg más vendido había sido Black Album de Prince, pero en la actualidad se desconoce cuál sea el más exitoso en cuanto a ventas, ya que con la aparición del internet las cosas cambiaron.

El internet trajo consigo las descargas musicales en el formato MP3 que un principio se popularizaron con Napster, plataforma que permitía el intercambio digital de música entre usuarios, Napster fue demandado y perdió en la corte, pero surgieron muchos sitios web en donde con un solo click y de forma gratuita se pueden conseguir aquellos bootlegs deseados. Para los fanáticos de la música esto se ha convertido en el paraíso, debido a que muchas páginas pusieron las descargas en una calidad lossless (formatos WAV, FLAC) que es muy superior al famoso mp3, además de ser completamente gratis. En la actualidad existe un desprecio por los discos bootlegs, por lo que en muchas ocasiones sus precios han bajado. Muchos se niegan a comprar un vinil o un disco compacto que triplica su precio al de un disco oficial, debido a que es más fácil ingresar a internet y bajarlo. Por otro lado, la industria del bootleg no sólo abarca el audio, también, desde hace ya varios años, el video, primero en videocassettes, luego en dvd y ahora en blu-ray. Podemos ver conciertos  desde los grabados profesionalmente, los cuales fueron tomados de transmisiones televisivas o en formatos amateur que son registrados con cámaras de video caseras o más recientemente con los teléfonos celulares. Pero su venta ha mermado porque se pueden ver a través de sitios como Youtube o Vimeo. Por otra parte para evitar el lucro, en los sitios de descarga de bootlegs se pide que estos no se vendan y se compartan o intercambien con los mismos fans.

Muchos grupos y solistas, así como las compañías discográficas, se dieron cuenta de la importancia que los bootlegs tienen para sus seguidores. Bob Dylan comenzó a editar su serie de colecciones que llevan por nombre The Bootlegs Series que nos presentan tomas alternas y presentaciones en vivo del artista originario de Minnesota. Hace algún tiempo Bruce Springsteen, a través de su sitio oficial, ha puesto a la venta, en formato físico y digital, álbumes con sus conciertos más destacados. Tiempo atrás, en la década de los ochentas, se publicaron grabaciones inéditas de Elvis Presley con lo que le dieron un fuerte golpe a los bootleggers. En algún momento Pearl Jam lanzó bastantes discos que capturaron sus conciertos de toda una gira, situación que en la actualidad han retomado grupos como The Who y Depeche Mode, entre otros, quienes comercializan su música en vivo, tanto en formatos físicos y digitales, a través de sitios como eMusic, Instant Live o DiscLive quienes graban, producen los shows  y los ponen a la venta de manera inmediata bajo la autorización de los artistas y las disqueras. Con esto nos entregan productos con un estupendo sonido que podemos disfrutar en nuestros dispositivos.

En cuanto a las canciones llamadas outtakes, que son tomas alternas grabadas durante las sesiones en los estudios, se desconoce su procedencia y el cómo se llegaron a filtrar para su comercialización, por lo regular nunca se conoce a los culpables. A ciencia cierta nadie sabe cuántos bootlegs tiene cada grupo o solista, debido a que ahora se pueden grabar los conciertos con un teléfono y distribuirse, gratuitamente o no, a través de diferentes plataformas. Por otra parte la tecnología ha permitido que muchos shows se graben a través de los monitores que usan los músicos en el escenario. Sólo es cuestión de ingresar el pequeño artefacto a la arena o estadio y buscar la frecuencia por la que se transmite a los audífonos de los músicos. La industria de los bootlegs aún no está del todo muerta (aunque ya esté dentro del terreno de lo legal en ciertos casos), mientras haya melómanos que aún busquen esas canciones inéditas o conciertos que les provocan un placer muy especial, por las cuales ya no pagarán altas cantidades de dinero porque casi todas están disponibles gratuitamente con un solo click.

Originario de la Ciudad de México, estudió la carrera de periodismo en el Centro Universitario de Periodismo en Arte, Radio y Televisión(PART). Se describe a si mismo como beatlero de alma y rockero de corazón.

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